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Steven Wilson, retorno sobrenatural

Steven Wilson, retorno sobrenatural

Salvador
Bonilla / Cortesía OCESA

15/May/2013

Detalles

Organización

Producción

Ambiente

Lugar

Teatro Metropólitan

Artista(s)

Fue un universo transitorio donde melodías contaron historias que sobrepasan los límites de la naturaleza. Ayer, en el retorno de Steven Wilson a México, los fantasmas contenidos en el álbum The Raven that Refused to Sing fueron los principales actores de un espectáculo de fantasía y fundamento con 145 minutos de una experiencia multimedia de otro planeta.

21:00 horas, detrás de escena, la imagen fantasmagórica, que también aparece en la portada del flamante disco del genio inglés, se proyectó y constantemente se distorsionó mientras las luces del Teatro Metropólitan no existían. Diez minutos después, los músicos aparecieron, Steven fue el último que tomó su lugar entre aplausos y ovaciones que se generalizaron durante el concierto.

El inicio, poderoso con la pista “Luminol”, historia basada en un fantasma que vive en la tierra y que asombró por la contundente forma de ser ejecutada por seis músicos de alta escuela musical, liderados por uno de los principales referentes del rock progresivo.

Sonaron las delicadas notas musicales de “Drive Home”Wilson tocó sutilmente su guitarra, que antes de terminar el tema entregaría al staff para sentarse al piano y finalizar la ejecución mientras sacudía su cabeza hacia adelante, provocando que su cabello se agitara intensamente.

“Muchas gracias. Siempre es un placer venir a esta maravillosa ciudad. Amo a mis fans mexicanos”, exclamó Steven en español, mientras los presentes le correspondían con gritos efusivos y aplausos. Siguió con dos pistas del mismo material, “The Pin Drop” y “The Holy Drinker”; así como con “Postcard” y “Deform to Form a Star”, de su segunda grabación de estudio Grace for Drowning.

Tras 45 minutos cayó una manta cubriendo el escenario y detrás de ella los músicos descargaron “The Watchmaker”. Steven, que como acostumbra lució descalzo con camiseta y jeans, tocaba una guitarra electroacústica mientras movía su cabeza de un lado a otro y sus manos creaban acordes explosivos.

De pronto, apareció una de las canciones más representativas de su trabajo solista: “Index”; tema que el público la reconoció como un himno. Fue una entrega brillante y convincente, donde el músico se dio tiempo de hincarse y señalar al cielo. Para el final, el británico extendió sus manos, mientras su imagen se multiplicó en sombras que plasmaban satisfacción.

Continuó con dos piezas del disco Insurgentes, la que le da título y “Harmony Korine” , que fue implacable y dejó claro el lugar preferente que ocupa en el recuerdo del colectivo siendo una de las más ovacionadas. El músico pidió silencio para “No Part of Me” y “Raider II”, en la cual, antes de iniciar su interpretación, Steven subió el volumen del amplificador de su guitarra. Para este punto, la manta que cubrió el escenario había desaparecido.

Un ambiente fúnebre matizó el lugar, había llegado el turno para “The Raven That Refused to Sing”. Mientras el videoclip oficial de la canción se proyectaba detrás de los músicos, los asistentes miraban fijamente la interpretación en total silencio; fue hasta el final que se desbordaron los gritos y los aplausos. Sin despedirse, los músicos dejaron el escenario.

Dos minutos después regresaron, la cereza en el pastel faltaba y fue otorgada con “Radioactive Toy”, canción original de Porcupine Tree, principal proyecto de Steven Wilson, quien al final se dio tiempo de despedirse del público, señalando a cada una de las zonas del recinto.

Entre aplausos, Wilson presentó a cada uno de sus músicos a la par de la proyección de su nombre y el instrumento que tocaron, llegando así el momento de decirle adiós al genio inglés. 

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Salvador
Bonilla / Cortesía OCESA

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