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Snarky Puppy en el Lunario

Snarky Puppy en el Lunario

Ignacio
Miranda

11/Mar/2016

Detalles

Organización

Producción

Ambiente

Lugar

Lunario del Auditorio Nacional

Artista(s)

Derroche de síncopa, sudor, energía y regocijo.

Snarky Puppy es la sensación del nuevo jazz desde hace 10 años, incrementando seguidores disco tras disco. Este lunes pasado llegaron por primera vez a México para agotar las entradas del Lunario y abarrotarlo con docenas de jóvenes vestidos con sus mejores harapos hippies y uno que otro trajeado, con copa en mano, conocedor del genero sincopado.

Poco sabíamos del acto telonero: Banda Magda. Pero cuando salieron a calentar el escenario, lo hicieron de manera explosiva, dibujando éxtasis en las caras de los presentes, poniéndolos a bailar y a gozar. “Sabiá”, del catálogo brasileño, prende la pista en llamas; “Amour, t’es là?” nos demostró que la complejidad de los matices y la armonía pueden ser disfrutables. Como homenaje a su público tan participativo, sueltan “Cucurrucú Paloma”, en una versión suprema.

En realidad, esta sería la modalidad de Snarky Puppy como banda de soporte de Magda Giannikou. Tras la despedida de Magda, entró Cory Henry (teclado, órgano) para, junto con Michael League (bajo), Nate Werth (percusiones), Jason “JT” Thomas (batería), Chris McQueen (guitarra), Justin Stanton (piano y trompeta), Mike Maher (trompeta), Chris Bullock (trompeta, flauta, clarinete) y Jay Jennings (trompeta), formar lo que el público merece. Un puñetazo de Snarky Puppy.

Con toda la versatilidad, poder y virtuosismo, terminan por derrumbar el lugar: todo el mundo se vuelve loco. Afuera hay una ciudad fría y gris, pero dentro del Lunario todo está que arde, euforia, baile, gozadera sincopada, energía derrochada arriba y abajo del escenario. Es difícil saber el nombre de las primeras canciones porque son nuevas, vendrán en un material que aún se sigue trabajando y lo mantuvieron en misterio.

“¡Es México, bebé!, ¿Por qué no tocar canciones nuevas?”, anuncia felizmente League.

Fueron demasiados los títulos de canciones gritados por la audiencia, pero los de Denton optaron por tocar “Binky”, “Go”“Kite”, sin desanimar al público que. al contrario, parecía que su regocijo no tendría fin.

Para sorpresa nuestra, Nick Etwell, trompetista de Mumford and Sons, apareció a escena para demostrar que no sólo hace folk suave y baladas, entonando en su instrumento bonitos solos jazzeros al estilo Nueva Orleans. Quizás algunos no se dieron cuenta, pero todos los Mumford and Sons estaban presentes entre el público apoyando a su amigo.

Disfrutamos viendo caras rojas expulsando aire para entonar melodías pegajosas, gotas de sudor cayendo al suelo agresivamente, cabezas tambaleantes marcando el tiempo, expresiones de dolor-placer con ojos cerrados y bocas abiertas, pues gente, a eso se le llama sentir la música.

 

REDACCIÓN:

Tlaloc
Ruiz

FOTO:

Ignacio
Miranda

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