Favoritos

Haz click en la banderilla para guardar artículos en tus favoritos, ingresa con tu cuenta de Facebook o Twitter y accede a esta funcionalidad.

163717
Pink Martini en el Teatro Metropólitan

Pink Martini en el Teatro Metropólitan

Tlaloc Ruiz
Cortesía OCESA / José Jorge Calderón

Cortesía
OCESA / José Jorge Calderón

03/Mar/2020

Detalles

Organización

Producción

Ambiente

Lugar

Teatro Metropólitan

Artista(s)

Una vuelta al mundo en veintidós canciones.

Con cinco alucinantes voces, nueve músicos bien plantados y más de una docena de instrumentos bajo el brazo, Pink Martini llega al Teatro Metropólitan para dibujar todo tipo de pintorescos paisajes melódicos, usando como propulsor el poder de grandes compositores como Agustín Lara, Ary Barroso, Rei Nakanishi, Miriam Makeba, Max Colpet, Doris Fisher, Manuel Jiménez, Osvaldo Farrés, Roman Vatro y Francesco Giordano.

Así es, Pink Martini, integrada por músicos de distintas coordenadas del globo, regresa a México para dar su cuarto concierto en la historia de la CDMX, pero ahora viene reforzada por una alineación más grande pues por fin ha dejado El Plaza Condesa y al parecer tuvieron la necesidad ocupar cada centímetro del escenario del Teatro Metropólitan.

Desde Portland, Oregón… Cuba, Grecia, Argentina, México, ¡Pink Martini!

Desde el primer segundo de su presentación, su intención siempre fue reventar la cordura de su público hasta el borde de la exaltación. Thomas Lauderdale, antes de acomodarse en su piano, complace a su público hablando español y al entrar China Forbes, ella también habla en un español muy fluido, pero tras unos alocados aplausos, ambos confiesan apenados que ya se les acabó el español y eso los lleva a lo que los trajo, sorprender a todos con grandes piezas musicales de todo el mundo.

Interpretada de una manera muy chula, “Let’s Never Stop Falling In Love”, de su segundo disco, viene de visita para comenzar con el carnaval de hits. Con las mañosas manos de Nicholas Crosa en violín logramos notar una intensión de milonga en sus acordes, así se armó la fusión de ritmos y es tan sutil que sus pequeñas dosis de tango se disfrutan muy duro.

Apenas tenemos tiempo para asimilar la primera rola cuando “Sympathique” se pone frente a nuestros oídos y al terminar, Timothy Nishimoto se une a China Forbes para meterle candela a la noche cantando “Anna (El Negro Zumbón)” y “¿Dónde estás, Yolanda?”, todo pasa tan rápido y sin comentarios entre rolas hasta que aparece Edna Vázquez, mexicana, nacida en Colima, criada en Guadalajara y educada en EE.UU.

Después de contarnos su historia, refinarse unos chistoretes y ganarse una ovación por simple orgullo mexicano, Edna se libera completamente en el micrófono y deja boquiabierto al público con sus increíbles cantos en “Bésame Mucho” y “Sola Soy”, ahora es cuando todos aplauden de genuina emoción. Edna se va y de tras bambalinas sale Jimmie Herrod para hacer lo suyo con “Exodus”, su canto contribuye al asombro de los espectadores y nos deja claro que las protagonistas de la noche son las voces.

Y justo cuando creíamos que su concierto no podía ser más incendiario, Storm Large aparece vestida para derretir miradas con un hiper sensual vestido rojo que sería demasiado caliente hasta para el mismísimo demonio. “Quizás, Quizás, Quizás”, “Până când nu te Iubeam” y “Una Notte a Napoli” salen de sus cuerdas bucales y de inmediato cae el público a sus pies. La verdad es que Large tiene una energía muy revitalizante, la textura de su voz puede verse si cierras los ojos y tiene tremenda confianza en el escenario.

El primer set de canciones termina, hay un intermedio y de pronto nos damos cuenta que ya nos paseamos por el mundo a través de la música. Cuba, Puerto Rico, Francia, Italia, EE.UU., Rumania, así es Pink Martini adopta la esencia de diferentes latitudes del mundo para lograr crear música y al mismo tiempo retoma grandes clásicos para mostrar su respeto por los viejos maestros, sobre la marcha también nos inyecta nuevas canciones a nuestro cerebro y nos incitan a conocer más de ellas, su origen, sus creadores; claro… solo si de verdad nos llegan las rolas al alma.

El jazz no está muerto, solo huele funky

El jazz es un género sabroso, salvaje, libre, tan libre que a veces es incomprendido, pero también es un género odiado y olvidado a la par. Es entendible cuando conoces a sus fans, gente que le gusta presumir su gusto por el jazz, que se viste de gala para ir al concierto de sus músicos sincopados favoritos, gente que pretende superioridad al decir “Es que casi nadie entiende el jazz, no es para todos” y encontramos a muchos de ellos visitando el Metropólitan.

La música no es una medida para identificar quién es mejor que el otro, eso causa que la gente ponga muros musicales en vez de puentes para conocer nuestros nuevos favoritos y armar una playlist más precisa. Aunque lo más importante de todo esto, es que sí está bueno que venga Pink Martini a la CDMX, pero ya es su cuarta vez acá, lo mismo pasa con Victor Wooten que viene cada siempre, los fans del jazz necesitamos más. 

Necesitamos a otros grandes del jazz tradicional y del jazz más moderno que no es nada parecido a lo que todos conocemos como jazz, es momento de que se arriesguen y hagan más shows de jazz como todos merecemos, fans hay muchos y podría haber más con el incentivo necesario. A veces lo logran y todos nos volvemos locos, pero eso pasa una vez cada 1000 años.

Tlaloc Ruiz

REDACCIÓN:

Tlaloc
Ruiz

Cortesía OCESA / José Jorge Calderón

FOTO:

Cortesía
OCESA / José Jorge Calderón