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¡Oh No! ¡Es FAUST!

¡Oh No! ¡Es FAUST!

Cortesía
FESTIVAL AURAL

15/May/2012

Detalles

Desde el momento de entrar al recinto y divisar una imponente mezcladora de cemento, uno ya veía venir una alucinante noche de confusión sonora, desde lo que uno recordara de videos, reseñas e imágenes de lo que son y pueden ser los conciertos de FAUST, hasta lo que uno mismo pudiera imaginar al ver la tarima, pero una vez más, gracias a la propia creatividad del trío, y el impredecible elemento de la improvisación, nadie veía venir lo que -por momentos- pareció un enorme monstruo que venía a devorarnos.

Antes de que Jean-Hervé y Zappi le dieran rienda suelta a la bestia que tenían preparada, frente al ejercito de instrumentos mencionados, un particular sistema de percusiones esperaba silenciosamente para explotar; y el elemento que tanto necesitaba no se hizo esperar ya que bajo el nombre de Z’EV, el percusionista Stefan Joel Weisser golpeó sin piedad un enorme bombo rodeado de pequeñas piezas de metal meticulosamente microfoneadas, que durante cuarenta minutos no paró de estallar expidiendo desde pequeñas chispas de tintes metálicos que podrían incluso ser juguetonas, hasta ensordecedoras llamaradas que obligó a varios a cubrirse los oídos como si la guerra nuclear sucediera a pocos metros.

Mientras el mismo Z’EV recogía sus elementos de caos, se podía ver entre la gente personajes como Bruce McClure, y Phill Niblok, y a la chelista Okkyung Lee, quienes también dentro del Festival Aural, acribillaron neuronas valiéndose de sus propios medios, pero, todos por igual, al momento de que la mezcladora de cemento comenzó a girar siendo llenada de tezontle por Jean-Hervè, Zappi, Amaury Camuzat, y un invitado especial de nombre Luis, interpretando el “trapeador”, los histéricos aullidos del lado de la audiencia inauguraron más de dos horas de caos, que también contó con Daniel Zlotnik de Los Dorados en el saxofón y con ayuda del mismo público con panderos y panderetas provistas del mismo Jean-Hervé.

Literalmente taladrando contra piezas de metal, arañando bajos y guitarras, dejando atrás etiquetas de “psicodelia” o “progresión”, se dejaron escuchar clásicos como "C'est com...com...compliqué", "It’s a Rainy Day", "Sunshine Girl" y "Krautrock", aunadas a una serie de distorsiones y reverberaciones de las que no había escapatoria y que entre aplausos, sonrisas, pláticas y agradecimientos, un cataclismo musical que tardó más de cuarenta años en llegar a nuestro país, dejó libre a una audiencia de diversas generaciones que por igual fueron engullidos por una bestia de nombre FAUST.

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