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Noche neoyorkina en el Centro Cultural Roberto Cantoral

Noche neoyorkina en el Centro Cultural Roberto Cantoral

Javier
Rincón Muñóz

18/Feb/2013

Detalles
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Cerca de las nueve de la noche de este 14 de febrero un auditorio a media capacidad recibió a la Chocolate Smoke Gang,  los abridores de una edición más de Alterna Jazz, espacio ideal para cualquier propuesta fuera de lo común tomando como punto de partida el jazz. Y para muestra  basta ver la dotación musical de esta agrupación: dos contrabajos, dos baterías, un piano y dos alientos (un sax tenor que intercambiaba por un soprano, y un clarinete bajo).

Con seis piezas, esta banda de siete hombres de negro más un invitado en la viola, encabezada por el contrabajista Carlos Maldonado, mostró un concepto muy libre, con algunas reminiscencias del jazz más tradicional y con ejecuciones de muy buen nivel por parte de cada uno de sus integrantes; dando como resultado un caos musical intencional, abstracto y dentro de lo posible, improvisado.

“Cometas”,“Big Bang”, o la hermosa balada “Alba” son algunos títulos de las obras que interpretaron para su público en cerca de una hora de actuación, finalizando con “Black Panther”, dedicada a los MC´s y grafiteros de la ciudad.

Tras la segunda llamada, después del intermedio, salieron con sencillez admirable a afinar sus instrumentos los músicos de The Ben Allison Band. Luego de una breve presentación, salieron con la misma actitud a mostrar su propuesta y talento.

Ben indicó que el concierto sería una película imaginaria que irían tocando para musicalizarla, según los ánimos del público. Pero si bien la elección del repertorio fue la parte improvisada, no lo fue así con la ejecución o elección de notas y frases. Todos los elementos encajaban perfectamente en cada composición.

Después de más de una docena de álbumes en su discografía, ahora vienen presentando una interesante mezcla de folk con rock, de rock con jazz y de conocimiento con sentimiento. La participación de  Brad Shepik en la guitarra eléctrica y banjo destaca notablemente por dos razones principales. Una es el indiscutible dominio de su instrumento y  la otra es su actitud y lenguaje corporal cuando toca, que en momentos parecía un Jonny Greenwood con espasmos que lo obligaban a percutir el banjo agresivamente. Allison movía su cuerpo al ritmo de las graves líneas ostinato (más parecidas a rockeros riffs que a walking lines) que iba creando para que los demás instrumentos gritaran y cantaran. Nate Smith demostró en la batería, que un fino jazzista y un rockero con gran punch pueden habitar dentro de un mismo músico.

Y como engrane final de esta equilibrada máquina sonora, escuchamos en la otra guitarra eléctrica a Steve Cardenas ejecutando la mayoría de los temas principales de cada pieza, con un sonido más jazzístico y tradicional, muy influido por la escuela de J. Scofield.

Después de media docena de rolas como  “Platycus”,”Dave” e incluso un estreno aún sin título, el público aplaudía y ansiaba un encore, que gustosa y con gran humor nos regaló esta gran banda neoyorkina, que en su momento comentó estar contenta de visitar nuestra ciudad y ansiosa de regresar pronto.

REDACCIÓN:


Editorial

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Javier
Rincón Muñóz