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MUTEK 2018: A/Visions 2

MUTEK 2018: A/Visions 2

Cortesía
MUTEK MX

22/Nov/2018

Detalles

Organización

Producción

Ambiente

Lugar

Museo Anahuacalli

Momento Eucarístico.

El Museo Anahuacalli fue el escenario ideal para uno de los momentos más inolvidables de los XV años de MUTEK en México. Quizá fue la mística arquitectónica que tiene de pirámide construida en piedra volcánica o tal vez la mezcla del espacio con la luna en cenital lo que creó una atmósfera solemne y espiritual, casi necesaria para lo que estábamos a punto de presenciar.

El inicio de la noche puso este tono para el resto de la velada. Sentados en círculo sobre el piso, como en una suerte de danza kechak, pudimos apreciar cómo Kazuya Nagada hacía interactuar loops ambientales con exactamente 445 rin gongs, también dispuestos en círculo. Detrás de él, los visuales de Florence To se desdoblaban como representaciones gráficas de lo que estaba aconteciendo en ese momento bajo la fachada del museo. Tiene mucho sentido el que éste edificio tan emblemático haya sido el escenario de esta especie de ritual meditativo. Su propósito era el de hacer trascender la música ambiental hacia el mundo físico y darle un carácter casi arquitectónico.

El show de Line Katcho fue diametralmente opuesto al anterior pero equivalente en energía. Corto e intenso, Immortelle supuso un puente más que adecuado entre los dos extremos del programa. Sobre un techno insistente y martillante, Line Katcho entregó un show visual donde los lenguajes se mezclaban, escapando a las rígidas estructuras del arte generativo. Combinando lo abstracto con lo narrativo y lo espacial con lo humano, Line Katcho se convulsionaba frente a la pantalla como luchando contra fuerzas que escapaban a su control.

Para cuando empezó el show de Wolfgang Voigt, el público parecía entender que un momento único estaba a punto de tener lugar. Bajo la fachada del Anahuacalli (a la vez obelisco y mausoleo) Voigt guió un auténtico rito eucarístico. Entre círculos concéntricos que no alcanzaban a cerrarse y estructuras clásicas se encadenaban percusiones de música de club. Los presentes, sentados entre tanta gente, nos dimos a la tarea de adivinar patrones de luz que se repetían a través del niebla mientras reconstruíamos nuestras obsoletas nociones de lo que constituye el ambient, el techno, la música clásica.

Parecíamos estar presenciando la construcción de una catedral o el incendio de un bosque. Lo que veíamos con la música que sonaba en el recinto parecía ser un treno (un lamento fúnebre) por la pérdida de la naturaleza y una declaración de pequeñez ante la inevitabilidad de la muerte. Y es que, naturalmente, la música que acompañará el funeral de la Tierra no podrá ser de otra forma que solemne y oscura como lo que Wolfgang Voigt hizo anoche. GAS, el boscoso proyecto que cambió el panorama electrónico hace más de 20 años, será por siempre uno de los momentos más memorables de la historia del festival.

FOTO:

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MUTEK MX

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