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Meshuggah: La marcha triunfal del coloso

Meshuggah: La marcha triunfal del coloso

Cortesía
Dilemma

09/Nov/2013

Detalles

El Circo Volador volvió a ser el portal al infierno en otra de sus continuas noches brutales en las que podemos disfrutar una de las tantas vertientes que ofrece el metal. En esta ocasión, la afilada técnica de Meshuggah se hizo presente por primera vez en México y Latinoamérica, esto debido a que su fecha programada en Colombia fue cancelada.

Celebrando la conquista de tierras lejanas y su reciente incursión en la portada de famosa revista en su edición en la India, los 5 suecos salieron al escenario y sin mediar palabras comenzó la masacre:  “Swarm”, de su más reciente material, Koloss, fue el primer esbozo de esta máquina de riffs y constantes golpes a la psique.

Con un pie recargado en el monitor central, tal y como debe posicionarse un agresivo frontman, Jens Kidman alentaba con ambas manos a que el público hiciera lo suyo: headbanging, puños al aire, lanzar a aquellos que flotaban entre las cabezas hasta la barricada, esa catarsis siempre necesaria al compás de la voz gutural y las guitarras cortantes.

“ObZen” y esos pasajes de guitarra característicos de la banda: contratiempos que suenan como una estampida, miles de pasos desesperados de gente que huye buscando refugio del apocalipsis. “Lethargica” fue otra muestra de la perfección y agresividad sueca, territorio de grandes bandas debido a que, como dijo alguna vez uno de los integrantes de esta banda: “todo es tan aburrido que la única diversión era tocar”. Y es así que ese ocio se convierte en impecable ejecución como lo mostró “Do not look down”, y no había otra opción, había que ver entre luces estroboscópicas el movimiento de los dedos al momento de hacer solos de Fredrik Thordendal, un verdadero genio que hace con 8 cuerdas lo que pocos pueden hacer con 6.

“The Hurt That Finds You First” fue como escuchar una ametralladora y sentir el ardor de los cartuchos vacíos de la cinta de municiones en tu cara, “I Am Colossus” fue la perfecta  descripción de lo que estábamos viviendo: “I'm the great Leviathan, insatiable colossus, Titanic engulfer of lives, I reward you, absorb you”, el tremor de los pasos del gigante devastando territorios, y sus garras sujetando tu garganta.

Después del ánimo elevado por la gente que coreaba el nombre de la banda, llegó la esperada “Bleed”, una larga batalla entre los gritos guturales y la batería, tambores incendiarios que no dejaron descansar el cuello de aquellos que se dejan llevar por la agresión, la potencia, el ritmo taladrante.

Noches como esta tardan en olvidarse, más tratándose de un hecho histórico para el fan y para la banda, una de esas que tal vez nunca pensamos ver en territorio mexicano. 

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