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La inevitable levedad de James Blake

La inevitable levedad de James Blake

Bruno
Muñoz @Bruno_Muti

26/Nov/2013

Detalles

Regreso triunfal para James Blake a nuestra ciudad, que aunque por momentos se vio opacado por los gritos desesperados del público que prefiere platicar antes que disfrutar de la música, su talento y meticulosa puesta en escena dejaron en claro que es de los pocos jóvenes en la industria que marcan tendencia y dirección en la electrónica contemporánea.

Antecedido por un soporífero pero bien montado set de Teen Flirt, en apenas de un parpadeo, el público pasó de ser unos cuantos pelados a ser un lleno total. La gran expectativa generada por lo que se dijo acerca del show previo que ofreció el británico en el Auditorio Blackberry hace apenas un año, se vio reflejada en el ambiente de emoción que pese a que parecía que muchos estaban por el gusto de decir que fueron más que por escuchar su melodiosa voz, la ovación que se escuchó al apagarse las luces fue más que ensordecedora.

"Habrá cosas viejas, nuevas y todo lo de en medio", dijo el londinense al terminar de interpretar “I Never Learnt To Share” de su álbum debut, para posteriormente ejecutar una introspectiva combinación de temas de su más reciente producción,  cada uno más espeso que el anterior, “To The Last”, “I Am Sold”, “Digital Lion”  y “Our Love Comes Back”. Disculpándose por no hablar español, el compositor y productor perjuró sentir un ambiente y recepción más allá de lo especial cada vez que pisa suelo mexicano, cosa que desató los gritos y celulares al aire.

La música de James es sutil, lenta y casi sensual, invita a la reflexión y silencio, cosa que desafortunadamente no sucedió. Gracias a los bajos decibeles, uno podía escuchar perfectamente la plática del desafortunado quórum: que si la chamba, que la abuelita, que la infección. Lo mejor vino en el encore, cuando James interpretó “Measurements” construido a base de loops, es decir, pistas pregrabadas que en este caso necesitaban ser únicamente de su voz. No una, no dos, sino cuatro veces se tuvo que callar al público al grado de subir a una muchachita a traducir el “¡Ya cállense!” para poder continuar.

Despidiéndose de un gritón y poco receptivo, pero muy efusivo público, James Blake ofreció otro memorable concierto cuya gracia y don está en poner mucha atención a las bocinas, a su manera de interpretar y sobre todo, a la maestría de ignorar al de al lado.

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Bruno
Muñoz @Bruno_Muti

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