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Spiritualized: La elegancia del minimalismo

Spiritualized: La elegancia del minimalismo

Noel
Orlando Calderón López @Soy_Noel

18/Abr/2013

Detalles
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Quienes llegamos en metro lo vimos: era la puesta de sol más alucinante de la que nuestra ciudad ha sido testigo en meses, como anticipando la gloriosa entrega de noispace-gospel con que Spiritualized abrazaría el Teatro de la Ciudad, sin duda, el mejor recinto para escuchar a una banda que ha construido su reputación gracias a lo detallado de sus texturas y atmósferas y por su idiosincrasia como antihéroes de la guitarra.

He visto suficientes bandas en ese lugar, pero nunca pasó que el 80% del público recibiera a alguna de pie, con aplausos tan eufóricos que pareciera el final del show. Sin embargo, ayer no era cualquier banda porque, distanciado de las multitudes, el legado "veinteañero" de J Spaceman no atrapa villamelones; por el contrario, reúne a verdaderos cómplices del aire distorsionado en movimiento y del feedback que desencadena la sobredosis de endorfinas reververadas.

Con la paciencia del feligrés, el público mexicano esperó dos décadas a Jason Pierce, gurú que supo combinar géneros sólo en apariencia distintos.

Después del buen sabor que dejó la presentación de Martin Thulin, vocalista de los Fancy Free, con su proyecto solista, era cuestión de que un loop de sintetizadores diera por terminada la espera, preludiando los acordes de "Here it comes...", un tema áspero y adecuado para arrancar.

Como shoegazers de cepa, era muy claro que Jason no hablaría una sola palabra con el público, que Doggen jamás levantaría su mirada de los pedales aunque estuviera al borde de volar los bulbos de su Fender, que Thomas Wayne no arruinaría el groove con notas innecesarias en el bajo, y que Bales daría una lección sobre dinámica con los tambores.

Es difícil saber en qué pensaban las coristas cuando no armonizaban coros de gospel, cuando la comunión religiosa termina y un ángel bipolar sustituye los valores: "in noise we trust" se leía por todos lados. Anatema sonoro con cada nueva pieza. Vale la pena destacar la influencia del drone sobre las voluntades, aquellas que sólo necesitan de dos acordes chillando con fuzz para levantarse frenéticamente de la butaca.

Ayer quedó claro que siempre estaremos en deuda con Phil Spector y su wall of sound… o con Syd Barret, cuyo espíritu demostró que la verdadera trascendencia está en la poesía, que su imaginario lisérgico es imperecedero y habita en Spiritualized. Dos horas de concierto pasaron como un instante.

Con siete discos bajo el brazo y dos décadas de distancia, era preciso repasar todos los momentos de la banda, desde las composiciones lo-fi de garage, muy bien logradas por el ingeniero de sala, las pinceladas de art rock, los momentos de épica, las canciones monotonales que invitaban al trance, el dominio del down tempo, las sonoridades eclesiásticas y su implacable réplica, hasta el rock campirano y el espíritu de la música soul.

El mismo loop que abrió el concierto anunciaba que el ciclo se estaba cerrando y aunque la banda parecía bastante decidida a no regresar, en los camerinos, Jason comprobó que el público mexicano es entusiasta como pocos, porque dos minutos de aplausos no se escuchan todos los días, pero cuando ocurre, el encore se vuelve necesario.

REDACCIÓN:


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Orlando Calderón López @Soy_Noel