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Kiss y Motley Crüe: Una noche de maquillaje y hard rock ochentero

Kiss y Motley Crüe: Una noche de maquillaje y hard rock ochentero

Cortesía
OCESA

01/Oct/2012

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No importó que el maquillaje y el rímel de los fans se estropearan debido a la lluvia, y que aquellos que pretendía emular a The Demon o a The Starchild terminaran con una amarga cara de pandita o de cualquier black metalero noruego. La lluvia, aunque constante y fuerte, no significó motivo alguno para que el público viera mermado sus deseos de ver a dos de las más grandes bandas del glam metal, mismas que, tras treinta años de haber compartido escenario en la misma gira, pisaban la Ciudad de México para culminar la gira The Tour”.

Tras una sencilla participación de la banda mexicana Agora, que se ha convertido en asidua participante en este tipo de conciertos, Motley Crüe subió al escenario con la misma alineación que los vio nacer y que se ha mantenido, sorprendentemente, a lo largo de los años. Tras un inicio lento con Saint of Los Angeles, de su última producción, la banda comenzó un recorrido ochentero a través de temas como "Wilde Side""Shout at the Devil", "Same Ol’ Situation (S.O.S)" y "Kickstart My Heart", sin dejar pasar clásicos obligados como "Home Sweet Home" (que aún evoca aquella pelea entre Nikki Sixx y un fan mexicano en el Palacio de los Deportes, cuando compartieron escenario con Megadeth, en el 2000), "Dr. Feelgood" y por supuesto "Girls, Girls, Girls" y su reconocible intro con el rugir de una Harley.

Todo bien con Motley Crüe: Vince Neil a pesar de verse un poco hinchado (todos sabemos que el botox no le funcionó muy bien), aún guarda ecos de sus mejores voces. Sixx como siempre: imagen y actitud, Mick Mars sereno y quieto pero con mucha capacidad en la guitarra; y Tommy Lee, a quien siempre le ha gustado ser el atractivo de la banda, con su conocido virtuosismo detrás de los tambores, que por cierto en esta ocasión giraron 360° con la mirada emocionada de una fan que tuvo la fortuna de ser la elegida para subir al escenario.

Cuando las luces se apagan de nuevo y llega el turno de Kiss, uno comprueba que la base de fans que tiene esta banda es de las más grandes, fieles y sólidas de todo el mundo. Todos brincando y coreando "Detroit Rock City" y "Shout It Loud", las elegidas para comenzar el set que la banda inicio bajando de un elevador desde lo más alto del escenario. Un show con todas sus letras: pirotecnia, luces, mucho fuego y un audio de calidad aceptable que permitía percibir la claridad de cada instrumento: una verdadera experiencia.

Tras la interpretación de algunos temas más, incluyendo "Hell Or Hallelujah", de su LP más reciente titulado Monster¸ llega la hora "The Demon", el momento en el que Gene Simmons, con sus más de 60 años, toma su clásico bajo en forma de hacha para mirar al cielo y comenzar a escupir y derramar sangre de su boca, para luego volar hacia una plataforma ubicada en lo alto del escenario e iniciar los acordes de "God of Thunder". Una rutina conocida, pero siempre disfrutable.

Cuando uno acude a un concierto de Kiss ya sabe a lo que se atiene: maquillaje arriba y abajo del escenario, un set list más menos igual, pirotecnia por todos lados, mucho ruido y muchas luces: una práctica similar y con pocas variables sustanciales. Sin embargo, aun con esos elementos previsibles, el observar a Kiss arriba del escenario y saber que se tiene enfrente a una de las más grandes bandas de rock de todos los tiempos, es una experiencia que se debe vivir por lo menos una vez en la vida.

REDACCIÓN:


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