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King Diamond en el Palacio de los Deportes

King Diamond en el Palacio de los Deportes

Cortesía
de OCESA por Salvador Bonilla

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Palacio de los Deportes

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King Diamond: El Rey en México; larga vida al Rey... 

Aunque Kim Bendix Petersen (mejor conocido como King Diamond) había visitado previamente nuestro país —en ese entonces con la banda Mercyful Fate—, anoche fue la primera vez que se presentó en México en su faceta como solista. Lo hizo ejecutando uno de los discos más importantes de su carrera, y que forma parte de su “Maldita Trinidad”: Abigail, lanzado en 1987.

El Palacio de los Deportes se convertiría en el recinto que albergaría por una noche fantasmas, apariciones, brujas, hechicerías y otras lúgubres presencias; todas bajo la batuta del Rey Diamante.

El concierto iniciaría aproximadamente a las 19:30 H, con la banda mexicana Strike Master fungiendo como teloneros. Su presentación fue un tanto desafortunada ya que, además de batallar con un mal sonido, se tuvieron que enfrentar a una apatía por parte de los asistentes.

Los ahí congregados, estaban ansiosos por ver al estelar y desdeñaron a los nacionales, yéndose a platicar a las inmediaciones del Palacio o a tomar una cerveza. Argumentaron que a ellos los podrían ver cualquier otro día. Así, su participación pasó sin pena ni gloria.

A continuación, seguirían los invitados de la noche: los californianos de Exodus. Banda que es toda una leyenda de la escena metalera y uno de los pilares fundamentales del sonido thrash de la Bay Area. Lugar de donde surgieron otras agrupaciones como Metallica, Megadeth, Slayer, Possessed, entre muchas otras.

Con una enorme manta ostentando una variante de la portada de su más reciente producción Blood In, Blood Out (2014) al fondo, el quinteto ejecutaría una selección de temas extraídos de algunos de sus álbumes clásicos: Bonded by Blood (1985) y Fabulous Disaster (1989). Así como de la mencionada producción.

Los asistentes moverían la cabeza y abrirían varias zonas de slam simultáneas al ritmo de "A Lesson In Violence", “Body Harvest”, "War Is My Shepherd”, "The Toxic Waltz" y "Strike of the Beast". Al finalizar su presentación, el vocalista Steve "Zetro" Souza agradecería al público diciendo que somos: “Número uno en todo el mundo”, en español.

Vendrían unos minutos de espera en los que una cuadrilla de técnicos y asistentes montaban el escenario para King Diamond. Al momento de izar una manta negra con el logo del artista en blanco, los gritos y chiflidos de emoción del respetable no se hicieron esperar.

Al estar todo listo, se retiró la manta y se pudo ver toda una escenografía. La cual estaba compuesta de una escalinata, un par de gárgolas y unas gigantescas cruces de neón invertidas. Al tiempo que se podía apreciar el montaje escénico, en el audio local se escuchaba “The Wizard”, composición de los británicos Uriah Heep, a modo de preludio. Al finalizar el mismo, daría paso a la intro “Out from the Asylum”, seguida inmediatamente por el tema “Welcome Home” ambos extraídos del álbum Them (1988), tercera y última parte de su “Maldita Trinidad” con los cuales el acto principal entraría al stage.

A su término y, tras encender el ánimo del público al ondear una bandera mexicana con su logo estampado en ella, King Diamond procedería a presentar a los músicos que le acompañaban: Andy LaRoque y Mike Wead en las guitarras; Pontus Egberg en el bajo; Matt Thompson en la batería; y, Livia Zita (esposa de Petersen) en las vocales de apoyo.

El show estaría claramente dividido en dos partes. En la primera de ellas, el artista nos llevaría a hacer un recorrido por lo que ha sido su trayectoria musical. Tocando temas extraídos de sus producciones como solista, así como un par de emblemáticos números de su etapa con Mercyful Fate.

De este modo la agrupación interpretaría “Sleepless Nights” del Conspiracy (1989);  “Halloween” del Fatal Portrait (1986); “Eye of the Witch” del The Eye (1990);  “Melissa” del álbum homónimo; y, “Come to the Sabbath” del Don't Break the Oath. El final de este set se marcaría con la intro del Them del mismo nombre.

Entre cada uno de los tracks, en escena se llevaría a cabo una representación casi teatral, en donde una bella actriz vestida de negro celebraría algunos rituales y actuaba conforme las líricas de las canciones. La enlutada era apoyada con luces, efectos de humo y una escenografía donde se simulaba el interior de un castillo con imágenes religiosas y demonios por igual.

Inmediatamente después, a través del tema “Funeral” se daría inicio a la segunda parte y plato fuerte del espectáculo: la ejecución íntegra del álbum Abigail. Una obra conceptual que narra la aterradora historia de una pareja que llega a una mansión sobre la que pesa una maldición y de la cual son víctimas.

Durante la ejecución de las nueve composiciones que conforman este LP, nuevamente en el escenario se llevó a cabo una especie de dramatización de los sucesos narrados en cada uno de los cortes del disco. La joven representaría de modo alternado a Miriam —uno de los personajes centrales— y al espectro principal que da nombre al mismo.

Explotando al máximo la teatralidad (y ya con una nueva escenografía que evocaba el interior de la mansión en cuestión), la gente se entregaría al mago que oficiaba ese orgiástico aquelarre musical.

Los cuerpos sudorosos y agitados de la concurrencia se balanceaban y estremecían al compás de “A Mansion In Darkness”; “The Family Ghost”; “The 7th Day Of July 1777”; “Omens”; “Abigail”, y “The Possession”. Todas, ejecutadas con maestría y precisión, a la vez que con un extremo derroche de energía, vertida hacia los asistentes, y devuelta al grupo por medio de saltos, headbanging, rugidos y porras: “¡Olé… Olé… Olé… Olé… Diamond, Diamond!”.

La presentación concluyó con la canción “Black Horsemen”. Tras de la cual un King Diamond, visiblemente emocionado, agradecería al público por su entrega y euforia con reverencias y un “Thank You so, so, so, so, so much!”.

Las luces se encenderían, poniendo fin a una misa oscura y, por momentos delirante. El verdadero Rey se entregó en cuerpo y alma a su audiencia y, viceversa. Una noche inolvidable, sobre todo para los que esperaron casi treinta años para ver que este sueño se materializase.

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Cortesía
de OCESA por Salvador Bonilla

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