49818
Gruff Rhys en la tierra de la indiferencia #DISTRITAL2014

Gruff Rhys en la tierra de la indiferencia #DISTRITAL2014

Pablo
Navarrete @pabnavarrete

08/Jun/2014

Detalles

El cantante y compositor galés Gruff Rhys regresó a nuestras tierras una vez más con motivos cinematográficos, siendo esta su tercera visita a la ciudad y su segunda con concierto incluido. Además de presentar el filme American Interior (2014), como bonus se ejecutó gran parte de la reciente placa musical del mismo nombre y posiblemente la mejor de su carrera solista.

En general, el evento fue un cóctel más que un concierto de clausura; una barra libre más un puñado de parlanchines invitados que se esmeraron, de verdad le echaron muchas ganas, para hablar por encima de cualquier músico en escena y dejaron en claro que su presencia era más meritoria que por real interés.

El Bahía Bar es un lugar en la Colonia Juárez en el que se han suscitado grandes y locos shows como UniversLa MiniTK del Miedo y Fuete Billete, pero su confinado y cuadrado espacio posiciona el escenario justo en frente de la barra y el portal de acceso a su costado, permitiendo que varios factores externos opaquen las bocinas si éstas no cuentan con un volumen lo suficientemente ensordecedor, o un artista que de alguna forma no permita que se le pierda interés o atención.

El primero en subir fue Black Fo, proyecto de electrónica experimental de Gustavo Mauricio ‘Catsup’, miembro de Quiero Club y ahora tecladista de Zurdok. Prendió su computadora, saludó y después de tres sutiles canciones en menos de diez minutos, apagó su equipo y se marchó. Obtuvo tan poca atención que ni siquiera lo intentó. Miró a su alrededor y seguramente dijo “¿para qué pierdo mi tiempo?”. Su expresión de decepción fue correspondida con ruidosas pláticas, sólo fue música de fondo para los presentes que ni se enteraron que subió o bajó de la tarima.

Desde el momento en que se veía a voluntarios y no profesionales tras la consola, no era de esperarse una ecualización de primera, pero Gruff apareció temprano y probó el equipo al punto de adueñarse de él y poner su iPod con sus canciones favoritas de fondo; mientras se sentaba detrás de la consola era inevitable pasar a saludar, pedirle una foto o un apretón de manos. La sencillez es parte de su encanto y sus pocos pero fieles seguidores no perdieron tiempo para platicar con él.

Ahora, independientemente de la mucha o poca publicidad que se le diera al evento, Gruff Rhys es una figura de culto en nuestro país que no se presta enormes éxodos de gente o siquiera a convocar más de cien personas; la primera presentación del artista en nuestro país fue en Escenaria para apenas unos treinta o veinte afortunados que tuvieron al artista para ellos solos y ahora lo tendrían que compartir con una ruidosa cantina de barra libre.

Gruff subió con su gorro de lobo recibiendo algunos aplausos. Mientras la gente se amontonaba, comenzó con su versión de “Singing a Song in the Morning”, original de Kevin Ayers. Delicados arpegios acústicos y pequeñas maquinitas de ruido acompañaron la lenta e introspectiva música que caracteriza su carrera solista; una tornamesa que jamás sonó, una bocina de bajos que rechinó y un montón de gente que rápido perdió interés.

Como siempre en su propia dimensión de espacio-tiempo, Gruff se dedicó a cantar y tocar “American Interior”, “Lonesome Words” y “The Court of King Arthur” acompañadas de muchos letreros que comandaban ‘WHOA!’, ‘APLAUSOS’ y ‘GRACIAS’. Avanzó el recital y otro gran factor que lo arruinó se hizo presente: los agresivos camarógrafos que se postraban justo en frente del artista para grabar detalles y bloquear cualquier posibilidad de vista. ¡Cuidado si les dirigías la palabra! Hasta una que otra grosería recibirías si pedías permiso.

Poco menos de una hora y lo mejor de su carrera solista había sonado para el puñado de seguidores aferrados del escenario que cantaron en inglés y galés ataviados con playeras o botones del cantante, mientras que el otro ochenta por ciento de los presentes bebían, reían, platicaban y hasta se saludaban de un extremo a otro.

Gruff se despidió con “Shark Ridden Waters”, omitiendo un encore que constaba de “Fire in My Heart” de Super Furry Animals. Finalmente, recibió algunos obligados aplausos mientras retiraba su equipo y se limpiaba el sudor. A la próxima, Distrital debería escoger a un DJ o algo que no demande atención y sea lo suficientemente ruidoso para no tener que escuchar conversaciones ajenas sobre la música.

¿Realmente vimos o escuchamos a Gruff anoche? Pocos podrían decirlo, muchos podrían negarlo, pero nadie estaría de acuerdo.

{{descripcion}}{{descripcion}}{{descripcion}}{{descripcion}}{{descripcion}}{{descripcion}}{{descripcion}}{{descripcion}}{{descripcion}}{{descripcion}}{{descripcion}}{{descripcion}}{{descripcion}}{{descripcion}}{{descripcion}}{{descripcion}}{{descripcion}}{{descripcion}}{{descripcion}}

REDACCIÓN:


Editorial

FOTO:

Pablo
Navarrete @pabnavarrete

No es una revista, es un movimiento.