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Deftones en el Palacio de los Deportes

Deftones en el Palacio de los Deportes

Federico Arias
Clemente Ruiz

Clemente
Ruiz

06/Abr/2026

Detalles

Organización

Producción

Ambiente

Lugar

Palacio de los Deportes

Artista(s)

El ruido como refugio.

Una noche donde la intensidad no se explica: se habita. Entre distorsión, luces bajas y cuerpos en movimiento, la banda reafirmó por qué su música sigue siendo un lugar al que volver.

Hay conciertos que se sienten como un recuerdo incluso antes de terminar. Lo de Deftones el pasado 29 de marzo en el Palacio de los Deportes fue exactamente eso: una especie de déjà vu emocional donde todo —la espera, el volumen, la gente— parecía responder a algo más profundo que la música.

Desde que se apagaron las luces, el tono quedó claro. Sin espectáculo innecesario, sin artificios: sólo sonido. Un golpe seco, denso, envolvente. Y de pronto, esa sensación tan específica de los shows de Deftones: no estás viendo un concierto, estás adentro de él.

La banda construyó el set como sabe hacerlo: tensión y liberación. Pasajes etéreos que flotan unos segundos… y luego colapsan en distorsión. No hay prisa. Cada canción respira, crece, se retuerce. El Palacio —ese domo que todo lo amplifica— se volvió una caja de resonancia emocional donde cada frecuencia encontraba su lugar.

En el centro, Chino Moreno no necesita imponerse: se desliza. Su voz sigue siendo ese punto intermedio entre lo frágil y lo violento, entre el susurro que te acerca y el grito que te expulsa. A su alrededor, la banda sostiene un equilibrio preciso: guitarras que pesan, pero también envuelven; una base rítmica que no empuja, arrastra.

El setlist funcionó como un recorrido más sensorial que cronológico. No importaba tanto de qué disco venía cada canción, sino cómo se sentía en ese momento. Los clásicos aparecieron sin nostalgia, casi como reflejos inevitables, mientras el material más reciente se integró sin fricción, confirmando que lo de Deftones no es pasado: es continuidad.

Abajo, la respuesta fue inmediata. El mosh no como caos, sino como lenguaje. Gente soltándose, gritándose canciones al oído, cerrando los ojos en medio del ruido. Una comunión rara, intensa, que sólo ocurre cuando una banda logra conectar desde lo visceral.

Porque si algo dejó claro esta fecha —sold out desde semanas antes— es que Deftones no juega a la memoria. Lo suyo sigue siendo presente. Un presente que se siente en el cuerpo, que incomoda, que abraza.

Y al final, cuando todo cae, queda eso: la sensación de haber estado en un lugar específico, compartido, imposible de replicar.

Un lugar donde el ruido no estorba. Acompaña.

Mantente pendiente de Indie Rocks! para más detalles.

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Federico Arias

REDACCIÓN:

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