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Crocodiles y la sudorosa masa musical

Crocodiles y la sudorosa masa musical

Pilie
Vanilie

26/Mar/2014

Detalles

Martes por la noche. Crocodiles desde San Diego, California, en un inesperado y gratuito concierto cuya única premisa era el llegar temprano, dejó suelo y paredes, y tanto a público como banda, empapados de cerveza y sudor; una presentación de apenas unos cientos aferrados que se podría condecorar como épica.

El espacio del Salón Pata Negra cuando mucho alberga a un ciento de personas apachurradas y con rodillas ajenas en el cuerpo. Es de mencionar que el ambiente fue cundido por ansiedad e impaciencia, pues el show inició a las 00 h, cuando la hora de inicio eran las 23 h (ambos horarios bastante cuestionables) y cada canción del DJ en turno se sentía como una eternidad entre falta de oxígeno y tiempo desperdiciado. “¡YA, CARAJO!” se escuchaba a todo pulmón entre los presentes.

Aferrados a la tarima, unos sentados sobre de ella y otros agarrados del pescuezo de los más altos, al momento en que la distorsionada guitarra de Charles Rowell y la delgada figura de Brandon Welchez hicieron acto de aparición, el caos se soltó. Sin perder ya más el tiempo, “Hearts of Love” y “Cockroach” sonaron a volumen máximo no solo por el quinteto, sino por el puñado de fans trepados uno sobre de otro. “¡México, no les mentimos, son la mejor ciudad del jodido mundo”.

Cabe recalcar que Crocodiles es una de las bandas consentidas de las más recientes generaciones y es un maridaje que ha traído a Brandon Welchez desde sus inicios ya tres veces y hasta una fugaz presentación junto a su esposa Dee Dee Penny que pocos recuerdan pero muchos reconocen como el primer show de Haunted Hearts en su historia.

Sonaron “I Want to Kill”, “Teardrop Guitar” y “Neon Jesus” como sí no hubiera un mañana; saltos y gritos que hacían temblar el piso y hasta un pequeño slam entre muchachos que, unos hasta con cámara profesional colgada, desembocaron en caídas, pisotones y uno que otro ojo lloroso: para este recital en Salón Pata Negra se dejó todo dentro de sus recónditos confines.

Con cerveza sobre el equipo, gente surfeando cabezas y hasta un Brandon con guitarra colgada cantando “Summer of Hate” encima de la gente, Crocodiles ofreció apenas unos 50 minutos de show que como llegó, se fue y sobre cualquier otro acontecimiento, fue un momento en el que el público y banda se volvieron uno solo en una enorme masa de sudor y música irrepetible.

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