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Aural: el ruido y su sensaciones

Aural: el ruido y su sensaciones

Mario
Hernández @presentepasado

20/May/2013

Detalles

A pesar de las complicaciones ocasionadas por los recortes presupuestales en la 29ª edición del Festival de México en el Centro Histórico, fuimos testigos de una tremenda noche electrónica cortesía de Aural en el Casino Metropolitano. Algo que queda muy claro es que el director de Aural, Rogelio Sosa, y su equipo, no se detendrán ante nada para continuar presentando sesiones verdaderamente estimulantes; Aural inspira.

La celebración estuvo conformada por cuatro actos: los locales Stalaktos, Kevin Drumm de Estados Unidos, el finlandés Mika Vainio y Oval de Alemania.

Los hermanos Marco y Carlos Fierro, Stalaktos, fueron los encargados de abrir el evento. Su set, como ya nos tienen acostumbrados, conmociona a través de su potencia a los asistentes. Las frecuencias de Carlos en el bajo y Marco en los sónicos trastornaron consciencias, imposible fue tomar ese recorrido sin ser perturbado.

Stalaktos tocó justo en medio del lugar, desde ese momento fue evidente que asegurar un espacio frente a las tablas sería indispensable para potenciar el efecto de la música. La acústica en aquel bello lugar era muy dispareja. Experimentar esa sensación y sus efectos fue algo por demás interesante.

El escenario dispuesto para el resto de la noche fue colocado en el fondo del recinto, lo que favoreció la acústica. Como sea, la noche electrónica de Aural tiene que ver con las sensaciones físicas de la música sobre los espectadores. Vibrar con el ruido, sentir los bajos golpear el cuerpo. Los tímpanos fueron puestos a prueba, el ruido estremecía todo a su paso y enriquecía los sonidos. La potencia y sus efectos sacudían a quienes escucharon.

Kevin Drumm abrió su set con resonancias que emularon el efecto de una aspiradora. Los asistentes fueron succionados en dirección al escenario, este fue el momento en el cual la audiencia se mantuvo más compacta. Parecía que a través de la cercanía lograban defenderse del impacto del ruido. Luego, Kevin propinó un salvaje masaje neuronal a la concurrencia, soportar esa estridencia no fue sencillo y la aglomeración ceso; el público buscó refugio. Los ataques cargados de estática y feedback impulsaron la experimentación sónica a través de su estruendosa presentación. Así se abrió paso al acto más excitante de la noche.

La mitad de Pan Sonic, Mika Vainio, se llevó el evento, transformándolo en algo excepcional. A pesar de que no estaba considerado en el cartel como el acto más importante de la noche, sus potentes cambios de ritmo montados sobre lisérgicas texturas sonoras forjaron atmósferas etéreas.

La experimentación sónica de Vainio se demostró por demás provocativa. Ruido, minimalismo, drones y música ambient, se fundieron en desafiantes estructuras de la más complicada manufactura, siempre cimentadas en la acumulación de capas de sonido. Mika Vainio fue capaz de generar cambios de paradigmas en menos de una hora. Las palabras no bastan, sería necesario haber estado ahí y experimentarlo.

Oval fue el headliner y estuvo encargado de cerrar la sesión. En un principio, su espectáculo se vio afectado, por lo menos desde su perspectiva, por dos factores: un bajo nivel de sonido y poca iluminación sobre el escenario. Después de sus dos primeras canciones se resolvió el problema y Markus Popp comenzó a demostrar de lo que es capaz con una confianza absoluta.

Su presentación fue muy disfrutable, la acumulación de melodías en conjunto con los sónicos que utiliza hicieron bailar a la concurrencia como nadie lo había logrado hasta entonces.

Aural es Aural, presupuesto o no. Si en algún lugar se puede encontrar inspiración tras recibir una descarga de voltaje que le vuela la cabeza a los asistentes, es ahí.

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Mario
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