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Anathema en El Plaza Condesa

Anathema en El Plaza Condesa

Cortesía
Dilemma // German García

06/Ago/2017

Detalles

Organización

Producción

Ambiente

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El Plaza Condesa

Artista(s)

La nostalgia en forma de sonido: Anathema.

La soledad es un sentimiento muy subjetivo. Puedes estar rodeado de cientos de personas, tener a tus amigos cerca, rozar el brazo de alguien con tu mano, y aun así sentirte profundamente solo.

Creo que hay etapas de la vida que están marcadas por este sentimiento, pero lo importante es entender que solo es un instante, un momento pasajero, y que la soledad está bien y también se puede disfrutar de muchas maneras, aunque al principio te sientas vacío y devastado al escuchar las notas de una banda que sabe cómo entrar en tu soledad, acrecentarla y dejarte ahí.

Sostenida por un alma solitaria, recorrí las calles de la ciudad y al llegar a El Plaza Condesa unas notas lentas y desgarradoras inundaron mis oídos para darme la bienvenida.

La melodía de “Untouchable (Part 1)” se mezclaba entre la euforia de la gente. Todos cantaban, gritaban y chiflaban mientras que Anathema interpretaba la canción que abriría la noche. La voz de Vincent Cavanagh y Lee Douglas (que estaba envuelta con la playera de la selección mexicana) penetraron como un rayo de luz y “Untouchable (Part 2)” comenzó para enseñarnos una lección importante: “I had to let you go to the setting sun. I had to let you go and find a way back home”.

Los recuerdos empezaron a flotar y en el escenario Vincent, Daniel Cavanagh, Jamie Cavanagh, John Douglas, Lee y Daniel Cardoso recogieron cada uno de ellos para convertirlos en música.

Con el paso del tiempo, el estilo de la banda británica ha cambiado, evolucionado; y ahora su sonido dulce te lleva en un viaje por la nostalgia sin oscuridad. Anathema saludó al público mexicano con una sonrisa y el concierto continuó con la presentación oficial de su nuevo material: The Optimist.

“Leaving It Behind”, “Endless Ways” y “The Optimist” nos regalaron un suspiro diferente con matices del pasado. “Deep”, “Forgotten Hopes”, “Pitiless” y “Destiny is Dead” del Judgement del 99, nos transportaron a un pasado en tinieblas a través de las cuerdas de la guitarra y el ritmo de la batería. Una atmósfera llena de riffs graves, lentos y penetrantes fueron los protagonistas.

La noche brilló y “Lightning Song” explotó con los acordes melódicos de una guitarra. Todos cantaban mientras que al fondo unos faros iluminaban más el momento brindando claridad. “Can’t Let Go” y su ritmo nos hicieron recordar el british pop de los 80, y “Closer” electrificó todos los sentidos con su estilo tan diferente.

El encore estuvo dividido en dos partes. “Springfield” y su parsimonia hicieron del momento algo introspectivo, “A Natural Disaster” llenó de luz hasta el último rincón del universo y “Distant Satellites” marcó la distancia inmensa que puede haber entre dos cuerpos aunque estén cerca.

La segunda parte estuvo a cargo de “Shroud of False”, “Empty”, “Lost Control”, “Fragile Dreams”, “Destiny” y “Hope”, y tuvo la colaboración del músico Duncan Patterson. Cada una de las canciones preparó a los presentes para el final y los diferentes estilos, formas y colores hicieron de este un desenlace prodigioso para todos.

Las alabanzas hacia la banda no se hicieron esperar. Los gritos, lágrimas y aplausos estaban presentes y todos se veían extasiados en una de las noches en las que más sola me he sentido.

REDACCIÓN:

Romelia
Zúñiga

FOTO:

Cortesía
Dilemma // German García

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