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DNVR Fest 2015

Cutzy
Salgado

17/Nov/2015

Cuatro años levantando la escena independiente.

Luego de tres años de darle a Culiacán la oportunidad de recordar viejas glorias del rock local, y al mismo tiempo promover a los nuevos talentos de una cultura cada vez más autogestiva e independiente, el DNVR Fest decidió virar un poco y ajustar su camino.

A diferencia de sus pasadas ediciones, que tuvieron lugar en fechas veraniegas, para este 2015 se llevó a cabo a finales de año, cosa que todos los que conocen el calor de Culiacán agradecimos, pero que citando a Tino el Pingüino, no evitó que las bellas culichis lucieran tentadores chiquishorts. Pero ese no fue su único cambio, ya que en esta ocasión el festival contó con un cartel mucho más nutrido, que fue repartido en dos escenarios y más de ocho horas de música, además de un evento previo en el que el artista urbano Watchavato y el ilustrador Iván Mayorquín ofrecieron conferencias en las que hablaron acerca de su trabajo y su experiencia en la industria creativa.

FM Attack fue la banda que se encargó de cerrar el primer día del DNVR Fest con una buena dosis de house y música funky que puso a bailar a los presentes en un espacio íntimo, rodeado de verdaderas piezas de arte contemporáneo.

Al otro día, la fiesta arrancó con la agrupación local Raging Bull que subió al escenario del Foro Tecate con su potente mezcla de stoner, psicodelia y blues. Luego de esta dosis de rock duro, el atardecer se fundió con los acordes y distorsiones de Pure Morning, que le puso un tono dreamy a la caída del sol con su mezcla de shoegaze y twee pop, mientras que en el escenario electrónico Halex Pinch y Monky Burgos recibían a quienes apenas iban llegando al evento.

La experiencia adquirida —después de representar a la escena mexicana del poshardcore en varios países— quedó demostrada cuando Joliette subió al escenario. La banda no defraudó a los fans que ha ganado durante sus ya varias tocadas en la capital sinaloense y ofreció uno de los mejores y más duros actos del festival.

Tocó el turno de Fausto, quién llenó el escenario con elementos de música electrónica y rock. Mientras tanto Ricardo Oliva, un productor local que a pesar de su corta edad ya tiene años produciendo ritmos muy frescos, recibió la noche con un synthpop bailable, relajado y de excelente propuesta, que además fue aprovechado por unos chavos bailarines que no se quedaron con las ganas de traducir su música a pasos de baile de danza moderna. Para cuando tocó el turno de Tino el Pingüino y Cabizbajo ya se podían ver varias torres de vasos moviéndose al compas de su música en las manos del público. Después de ellos seguía el turno de una de las bandas más esperadas de la noche.

Para la cuarta edición del festival, DNVR Sociedad Civil conservó uno de sus principales atractivos: el reencontrar a las bandas que en su tiempo abanderaron la escena alternativa e independiente del estado. Así, melómanos de antaño y de las nuevas generaciones han tenido la oportunidad de reencontrarse con bandas tan queridas como Taller Para Niños, Skoria, Libertones y, este año, los ritmos jamaiquinos de Rocksteady Times, que pusieron el toque de reggae a temas clásicos como "Bésame mucho", "Piel canela" y "Sugar, Sugar".

Entrada la noche llegó la hora del rock psicodélico de The Dooms, quienes llevaron al DNVR Fest en un viaje en el tiempo de vuelta a la década de los 60 donde todos nos dejamos llevar para sentir auténticas alucinaciones auditivas; un deleite para aquellos a quienes nos hubiera gustado escuchar a The Byrds, The Doors o Cream en sus buenos tiempos. Simpson Ahuevo y Alan Anaya tomaron por asalto el escenario Indio y dejaron al público pidiendo más rap, en el que fue el acto más esperado y coreado de la noche. Para cerrar el festival, Juan Soto y Alec Sander demostraron su amor por el house y la música disco, volviendo al escenario como Moon Runner y abriendo boca para aquellos que quisieran seguir la fiesta con sus sets individuales en el Club de Mezcal.

Al final el DNVR Fest logró su cometido, voltear los reflectores hacia una cara poco vista de la cultura sinaloense, la cual no solo vive de banda y los corridos del Komander, sino que tiene una fuerte tradición rockera y que en los últimos años ha venido creciendo con proyectos independientes de calidad y mucha propuesta. Ahí están proyectos como The Dooms, Un Triángulo, Toro Metralla, From Alaska, Fausto, Ricardo Oliva, Raging Bull y Pure Morning, quienes en las ya cuatro ediciones del DNVR Fest han hecho el ruido necesario para decirle al país que en Sinaloa también se hace y se escucha la música independiente.

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