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¿Por qué es relevante la muerte del MP3?

¿Por qué es relevante la muerte del MP3?

05/Jun/2017

Adiós al MP3: El fin de una era.

En el mundo existe una Matrix, como la que imaginaron las ahora hermanas Wachowsky. No tiene una ciudad llamada "Zion". No la protegen "Neo" ni "Trinity" ni "Morfeo". Pero es real. No hay un "Oráculo", un "Cerrajero" o algún “Agente Smith”. No son necesarias las píldoras para entrar. La Matrix es una nube infinita llena de archivos que, en realidad son ceros y unos codificados... y todos los días ingresamos a su espacio. Ahí están nuestras fotos, mensajes, contraseñas, poco a poco le vamos agregando algo más que simple información. Amigos, familia, recuerdos, parejas, secretos y música. Y si las canciones son fragmentos de nuestra vida encapsulados en cuatro o cinco minutos de duración, entonces en esa Matrix habita lo que nos separa de la locura, la memoria y los sentimientos.

Hace unos días, el Instituto Alemán Fraunhofer anunció algo que puede significar el siguiente escalón de la era digital y que representaría movimientos a escala mundial en niveles económicos, tecnológicos y sociales, en última instancia, individuales. En su sitio de internet comunicó que las licencias del .mp3 habían terminado -las mismas que le dieron ingresos millonarios durante algunos años-. Esto no representaría mayor importancia a casi 20 años de que se comercializara este formato, de no ser por lo que implica, si se trata de su principal descubrimiento en los últimos años ¿por qué habrían de regalar permiso para usar en software y hardware libremente? Al final del comunicado del instituto aparece la respuesta: "Muchos servicios como el streaming, la televisión o la radio usan códecs modernos como el Advance Audio Coding o en un futuro cercano usarán el MPEG-H. Estos tienen mejor calidad con muy poco peso comparado con el .mp3". En otras palabras, el formato que marcó el fin de la industria musical, ha muerto. Aunque hacía mucho que ya estaba en decadencia.

Stephen Witt narra en su libro Cómo dejamos de pagar por la música” la fascinante historia del surgimiento de este formato en el instituto alemán a finales de los ochenta, y su perfeccionamiento a principios de la década de los noventa, en medio de una tensa lucha con el organismo encargado de aprobar los formatos acústicos y de video para su comercialización, el MPEG. Utilizando defectos en el oído humano que le impiden percibir todas las notas, tonos y frecuencias de la música, el alemán Karlheinz Brandenburg comprimió las canciones -por medio de un algoritmo- a una doceava parte del tamaño que normalmente pesaban. Su sueño era lograr que la música estuviera disponible en un servidor y que cualquiera pudiera acceder a ella desde su computadora, pero a principios de los noventa la internet apenas despegaba y la tecnología no estaba al alcance.

En 1996 el instituto había recibido varias negativas para aceptar el .mp3 como un estándar mundial y el MPEG no parecía estar interesado en apoyarlo con las empresas encargadas de su distribución. Pero las primeras comunidades warez en la incipiente red comenzaron a comprimir la música utilizando el programa que el instituto había obsequiado en su sitio, L3Enc. Había nacido la piratería digital de la música que tuvo su rostro más conocido en Napster, comenzaba una nueva era que nos acercaba más a la Matrix que ahora adopta cualquier nombre, Apple Music, Tidal, Spotify o sitios de filtrajes de discos que -en algunos casos- aún no se estrenan oficialmente .

En 1996 Brandenburg tenía listo otro formato, el AAC o Advance Audio Coding, que se menciona en el comunicado del instituto. Lo que me lleva a dos planteamientos, el primero: si en 1996 el .mp3 resultaba obsoleto ¿cómo es posible que más de 20 años después siga siendo uno de los pilares en la industria musical? El .mp3 no es solo un códec, es la semilla que cambió el panorama, poco espacio y una calidad "aceptable". La situación ha cambiado, actualmente tenemos cualquier cantidad de formatos de menor o mejor calidad con sus variantes: .wav, .flac, .aiff, .m4a.

Pero la industria se niega a morir y ejerce unas prácticas peculiares vendiendo a un precio más alto los archivos de mejor calidad aunque el proceso para convertirlos sea el mismo, sabe que el .mp3 nació sin reglas y sin un valor. Es gratis. Solo hay que saber buscar la música. Con el aumento en la capacidad de navegar, descargar y almacenar archivos, las ventajas de este formato sobre otros se han vuelto nulas. A diferencia de los libros físicos que no desaparecieron con la llegada de los libros electrónicos, la venta de cedés disminuyó, la compra de música digital aumentó considerablemente, y la difusión de la música "ilegal" se disparó. Sería inocente pensar en que simplemente cambiamos de formatos, se modificará la forma en que nos acercamos a la música. Algo se está planeando en las esferas de la industria tecnológica y lo ignoramos. Y eso lleva cocinándose por lo menos 20 años.

Segunda reflexión: la falta de imaginación y de atención al anuncio que le hizo Karlheinz Brandenburg a la RIAA (Recording Industry Association Of America) en 1995 (la opción del .mp3 como una nueva manera para distribuir la música) culminó en la idea de que debía ser gratuita y de fácil acceso. Las empresas no vieron el potencial y el peligro que representaba compartir un archivo a través de una telaraña digital a la que cada día entran miles de personas y aunque intentan frenarlo, el flujo de archivos como el lenguaje, encuentra su propio cauce. Una de las consecuencias es la oferta de conciertos y festivales que poco a poco comienzan a homogeneizarse. ¿Qué sucederá cuando la demanda no sea suficiente? Ni la industria musical lo sabe.

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