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Día Internacional del Orgasmo Femenino: ¡Cállate, Freud!

Día Internacional del Orgasmo Femenino: ¡Cállate, Freud!

08/Ago/2019

Sobre despatriarcalizar y desheterosexualizar el orgasmo femenino.

“Cada orgasmo autogestionado: es placer no reproductivo que erosiona el sistema heteropatriarcal, es tiempo que no le trabajamos al capitalismo, aborta un pedazo de la mujer pasiva y complaciente que no queremos ser”, Osa Flaca y Ana Mar Mar durante la séptima emisión de La Arepa Chora [1]

Las palabras de la magistrada Marina Sirova y el encarcelamiento de Nadezhda Tolokónnikova, Yekaterina Samutsévich y María Aliójina parecieron desvanecerse entre los soplidos del viento en Moscú. Cuatro años después, Pussy Riot regresó para “afectar a un amplio círculo de creyentes”.

La denuncia pública sobre los condicionantes del orgasmo femenino –instituciones, uniformes e iconos– y la sacralización de la autonomía sexual en “Straight Outta Vagina” no solo ofendieron a la iglesia ortodoxa y al gobierno punitivo de Vladimir Putin. El grupo de creyentes más afectado fue el de aquellos que profesan fe eterna a la pureza intrínseca de la feminidad, al monopolio del placer y a definiciones androcéntricas y (sobre todo) patriarcales de la sexualidad. 

(***)

En abril de 2017, las colaboradoras de Bijoux Indiscrets [2] publicaron Ficción vs realidad en el sexo. El informe -mismo que se basó en una campaña online que alcanzó un total de 1,619,000 visitas- recuperó la premisa central de los trabajos de Graciela Hierro, Carole Vance, Miranda Molina, Raquel Osborne y Betty Dodson: No existen experiencias de placer monolíticas. 

A su vez, los testimonios plasmados en dicho material dieron cuenta de las negaciones (o más bien terquedades) de Sigmund Freud, Franz Josef y A.F.A King y de lo que hace algunos meses la activista Leyla Hussein reconoció como uno de los peldaños que evitan el desmorone de la masculinidad hegemónica: El eco global de los orgasmos femeninos fingidos.

“¡El problema no somos nosotros. No hay que agobiar a los hombres con cargas molestas como lo es la gratificación sexual femenina!”, exclamaría el psicoterapeuta Alexander Lowen pues, al igual que muchos de sus congéneres y “expertos” en sexología, el orgasmo femenino es un producto secundario del masculino.

Entonces, dirían los árbitros y cronistas del comportamiento sexual [3]:

¿Para qué hablar del Día Internacional del Orgasmo Femenino si su ausencia y teatralidad no son fundamentales para el llamado “sexo real”?

A razón de los versos confesionales de una poeta peruana de 23 años

Si bien Freud no es el culpable absoluto del enaltecimiento de una sexualidad plástica [4] -‘un cliché de mete y saca’, escribiría la periodista Jazmín Libertad-, su visión dicotómica ha ayudado a salvaguardar la mística de la penetración, el coito heterosexual como la forma más sana de la expresión sexual y el despojo político y filosófico del orgasmo femenino. 

Tanto la preservación del placer sexual como privilegio (exclusivo) de los hombres, como la sexualidad femenina explicada, entendida e impuesta en términos masculinos ocasionan que las diversas formas de coexistir se ubiquen en las periferias. 

Solemos aludir a la discreción de la poesía de Coral Bracho, dudamos del gen recesivo del que escribió Adriana Sánchez, nos escondemos detrás de la sandía y tormenta de Kyra Galván y ,con frecuencia, tememos al lenguaje explícito de Frida Varinia Ramos. 

¿Cómo no ser ajenas a nuestros cuerpos, espacios de intimidad y deseos?, ¿Cómo entender que no hay fantasías ilegítimas ni placeres periféricos?, Entre poetas, ¿Cómo inventar una isla para gestar en ella una muchacha de la mala historia y que sea libre?

De los cuestionamientos de Bataille al feminismo del goce

(**): Dado que esta sección aborda la intersubjetividad, me permití el abuso de la escritura en primera persona

Hace poco más de dos años, la poetisa mexicana Pamela Erin Mason reflexionó sobre el contenido de Mujeres que besan y tiemblan. Antología mexicana de poesía erótica femenina (1999). Para ella, la construcción del orgasmo está saturada de Adanes y Evas erotizadas y piensa que el ideal del paraíso debe consistir en algo más allá de la cosecha de los frutos prohibidos y la entrega a terceros. Mala suerte para las y los amantes de la lírica y el concepto de “Froot” de Marina Diamandis.

“I'm your carnal flower, I'm your bloody rose

Pick my petals off and make my heart explode

I'm your deadly nightshade, I'm your cherry tree

You're my one true love, I'm your destiny”

Es cierto, la reciprocidad es fundamental en el ejercicio sexual. Lo dejaron por escrito Hildegard Von Bingen y Charles Fourier. No obstante, el orgasmo femenino (también) puede confeccionarse desde el rechazo al ser y sentir en y para deseos ajenos. 

La reciprocidad y ese “nuevo orden amoroso” del que se habla en la sexología feminista puede venir desde un sustento propio. En su momento, así lo entendí con las canciones de Divinyls (“I Touch Myself”), Lunachicks (“Cumming Into My Own”), Violeta Vil (“Carne”), Chicks on Speed (“Universal Pussy”), Fémina (“Los Senos”), el minuto de “Feminist Politics” en voz de Teri Gender Bender y el título del segundo álbum de Anti-Corpos (Forma Prática de Luta).

“I can't say yes anymore

Cuz by myself I'm never bored

On others wishes close the door

I can't say yes anymore

I've lost all anxiety

Worrying about pleasing me

If you don't like it, i'm not sorry”.

En el prólogo de Putita Golosa. Por un feminismo del goce (2018), Luciana Peker advierte de un lenguaje libertario. Además de aclarar que el dinamismo gramatical corresponde a la legitimación de las diversidades sexuales, intuyo que lo libertario también implica otorgar carga simbólica a frases y/o ideas que son cuestionadas, ridiculizadas, rechazadas o intercambiadas por falacias y eufemismos para ser usadas a conveniencia propia.

“La intimidad es política” reitera la autora en sus 384 páginas. Por el momento no encuentro un enunciado tan preciso para hablar del orgasmo femenino en relación con el tabú, la culpa de las mujeres como raíz religiosa y la intimidad desde el privilegio.

Incluso entre mujeres, surge la duda de las diferencias entre vulva y vagina. “¿Para qué quieres saber eso? ¡Ni que fueras a hacer qué con quién!” Me respondieron en más de una ocasión. 

Por fortuna, al otro lado del mundo, Liv Strömquist se inspiró en el trabajo de Bikini Kill, Heavens To Betsy, Bratmobile y la estética de los zines de las universitarias [5] y en 2018 publicó Fruit Of Knowledge. The Vulva Vs The Patriarchy, un libro de cómics que ilustra las respuestas que muchas de nosotras asimilamos (o tuvimos acercamiento) hasta la adultez. 

Supongo que en estos últimos párrafos distorsionaré -lo menos posible- la idea de la intimidad como una forma concreta de privilegio. Me interesa entenderla como tiempo y lugar. 

Fotografía: Jenn (Flickr)

Suelo pensarla como un momento propio y privado, pero no necesariamente en ausencia de las demás. En ella nos hemos dado cuenta de que -como lo expresa Clara Pérez Martín- “el cuerpo femenino pertenece a todos menos a las mujeres”. El paradigma androcéntrico de la sexualidad y la omisión literaria del orgasmo en las prácticas de las diversidades sexuales son muestra de ello. El mecanismo autómata penetración-orgasmo no es una asociación inocente. 

Por otra parte, considero que el orgasmo femenino es la intimidad política de la que habla Peker, pues a partir de ella podemos ser conscientes de la diferencia entre “Tengo cuerpo” y “Soy cuerpo”. 

Renunciar a ser extranjeras y convertirnos en habitantes de nuestro placer abre las posibilidades para -como escribiría Alejandra Pizarnik- hacer una ofrenda propia en la que no participen los devotos a la pureza intrínseca de la feminidad, el monopolio del placer y definiciones androcéntricas y patriarcales de la sexualidad.

Fotografía: La Arepa Chora

Notas
[1] Inspirado en el equivalente de tortilla en Colombia (arepa) y en la palabra chilena que refiere a la genitalidad femenina, La Arepa Chora es un programa de radio lesbofeminista. El blog sigue activo y es posible acceder a algunos de los podcasts de SoundCloud.
[2] Entre ellas Amarna Miller, Celia Blanco, Lara Castro Gruñén y Ana Lombardía.
[3] Palabras retomadas de Rachel Maines, autora de La tecnología del orgasmo.
[4] Por sexualidad plástica, Anthony Giddens entiende el binomio entre la experiencia meramente reproductiva y la hegemonía fálica.
[5] Algunas de las universidades referenciales del Movimiento Riot Grrrl fueron las de Nueva York, Chicago, Filadelfia y Richmond.

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