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Bitácora: Descartes a Kant en Centroamérica Pt. 3

Bitácora: Descartes a Kant en Centroamérica Pt. 3

28/May/2014

Si das una voltereta por el tiempo y con cuidado observas el momento justo en el que decidiste perderte en la música, te darás cuenta de que pocas veces la imaginación puede alcanzar las ilimitadas aventuras a las que te verás expuesto. Encontrarme atravesando Centroamérica al lado de Descartes a Kant es una de las más surreales experiencias que he tenido.

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Panamá

Si algo puedo recordar son sus calles, la estructura de una ciudad de contrastes y excentricidad. Los barrios desiguales, futuristas y acaudalados por un lado, y por el otro los espacios del “pueblo” en su colorida pobreza, la música en las calles y los cuerpos que parecieran caminar como si bailasen todo el tiempo. Dentro de esas calles de vieja historia colorida tocamos la primera fecha de cinco que habríamos de tener.

Los primeros encuentros siempre dan susto, hay que mostrar la mejor cara y no se tiene la menor idea de cómo reaccionaran los oídos frescos a tu música.

Poco a poco todos perdimos el miedo (abajo y arriba del escenario) y acortamos la distancia para dar paso a la euforia. Es curioso, en ocasiones no te pones a pensar en el efecto que generas en los otros. Esa noche, lo más grato de todo fue observar esos ojos muy abiertos y brillantes diciéndote que nunca habían visto nada parecido, que por favor, no te detuvieras.

Costa Rica

En las fronteras pueden descubrirse muchas cosas. Después de varias horas de viaje alguien detuvo el autobús para avisarnos que era hora de cruzar hacia el nuevo país, haciéndonos bajar  confusos y adormilados con las miles de maletas e instrumentos que transportamos para someternos a la inspección de rutina y el riguroso trámite migratorio.

Los ojos hastiados de los guardias, los protocolos confusos… en las fronteras de Centroamérica, pequeñas y modestas, en medio de la nada, la sensación que queda es que hay que sobrevivir.

Ya en la ciudad todo fue mejor, proyectos muy interesantes compartiendo escenario, músicos de mucha calidad y profesionalismo enamorados de su hacer y escuchas dispuestos a todo. Cerramos nuestra noche con un energético “mosh”; nuestro paso por el país de la “Pura vida” fue algo digno de recordar.

Nicaragua

De todo el viaje especialmente quería conocer Nicaragua. Cuando era chica mi padre hizo una residencia médica por esos lares en tiempo de la guerrilla sandinista, y recuerdo en sus cartas relatos de un pueblo indígena en lucha, acompañadas de libros infantiles que narraban la historia de Sandino.

Frontera ineficaz y una detención de casi dos horas por la gente de aduana que no sabía qué hacer con el hecho de que mexicanos entraran a su país con tantos instrumentos, el camión por poco nos deja varados a merced de las ignorantes autoridades aduanales, y el estrés minuto a minuto aumentando por las pocas horas de sueño aunado a la necesidad de llegar con tiempo a Managua para presentarnos esa noche. En el camino escuché entre sueños una llamada telefónica, palabras sueltas, cierto tono de angustia “¿un fuerte temblor en Managua?”. Bajar del camión bastante tarde para toparse con rostros nerviosos, expresiones de miedo contenido, incertidumbre. Por razones de sobra nuestro concierto había sido cancelado, pero la parte más espesa estaba por llegar: no había boletos suficientes para viajar a El Salvador en un mismo transporte, la banda tenía que dispersarse en tres partes. Con la angustia a flor de piel de pronto nos vimos sin mucho dinero, sin conocidos cerca, sin teléfono o internet y con dos fronteras por delante. En el transcurso de la madrugada a diferentes tiempos nos despedimos todos con la esperanza de encontrarnos enteros y a salvo en la siguiente fecha.

El Salvador

Cruzar fue toda una pesadilla, a cada equipo le pasaron las cosas más increíbles e inquietantes. Yo viajé con Andrés, Memo y la mayor parte del equipo durante más de 15 horas. De nuevo un largo interrogatorio en la frontera, nuestros pasaportes en manos del camionero y Memo en la oficina de migración tratando de explicar que no íbamos a hacernos ricos tocando ilegalmente en El Salvador.

Nosotros llegamos primero, casi a las 10 de la noche, sin la mitad de la banda, sin equipo completo, sin ingeniero, sin ninguna razón que nos diera certeza del paradero del resto de nuestra familia. Ingeniero y baterista atrapados en otra frontera, las chicas en un camión descompuesto. El tiempo corriendo. El lugar para tocar era bastante agradable y mucha de la gente que estaba ahí nos esperaba con ansia, y así pasaron las horas. Primero llegaron Jorge y Chiquitiko; las chicas ya estaban cerca. Nuestra presentación ya llevaba casi 2 horas de retraso, aun así muchos decidieron esperar a que estuviéramos completos. Sandra y Cristy llegaron a toda prisa, y el cansancio y la preocupación quedaron en un instante en el olvido para subirnos a tocar pasada la 1 de la mañana. Fue un hermoso concierto, uno de esos que te reafirman, que te fortalecen y acercan a tus compañeros.

Guatemala

Dormir un par de horas, el cansancio acumulado, de nuevo el loop del viaje, contar maletas, cargarlas de un lado a otro, pasaportes, documentar equipo, despedirse. Cinco horas después, al bajar del camión, ya nos estaban esperando. El “toque”, como la mayoría de los centroamericanos llaman a los conciertos, sería en el patio de una casa cerca del centro. Ya que en Guatemala no existen muchos espacios para la música independiente, los promotores, junto con las bandas, se han encargado de generarlos, lo cual me pareció una medida excelente.

La primera comida decente en muchos días y encontrarnos con Gerry Rosado, nuestro amigo y productor, nos devolvió la energía. Pasadas las 9 de la noche siguió nuestro turno: seis mexicanos extraños en ropa interior ensangrentada. La gente no sabía cómo reaccionar y lo primero fue el miedo, no uno de rechazo, más bien era extrañeza, misma que al final de la noche terminó con un mosh en el que Sandra y yo gustosas participamos. Sin más fronteras por delante, la celebración era por haber logrado sortear los inconvenientes del viaje y también por encontrar de nuevo la razón que nos ha hecho permanecer unidos después de tantos años: amamos lo que hacemos y poder compartirlo, eso le da sentido a nuestro día a día (aunque la mayor parte del tiempo no haya mucho dinero y se viva eternamente buscando las oportunidades).

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En fragmentos de segundo todo cobra un sentido, la riqueza se encuentra en la vivencia que en un circular movimiento nutre y germina la música que nos hace ser y en esa bella enredadera vivo.  Gracias fortuna.

Aquí la Pt. 4

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