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Rock & Cinema: [Capítulo 36] Minezota

Rock & Cinema: [Capítulo 36] Minezota

Búsquedas personales, microcosmos urbanos y tecno-pop.

Hay muchas expresiones populares (unas descriptivas, otras despectivas y otras más afectuosas) con las cuales la gente se refiere coloquialmente a Ciudad Nezahualcóyotl: Neza York, Nezahualodo, Nezahualpolvo o Minezota, Esta última acepción es retomada por el cineasta Carlos Enderle para intitular su más reciente trabajo, que transcurre precisamente en esa localidad.

Ismael Rivera (Pablo Abitia) es un músico quien es fan de Depeche Mode. Y no solo tiene toda una nutrida parafernalia sobre ellos en su casa, sino que es frontman de una banda llamada Shambala, cuyo sonido está fuertemente influenciado por el del afamado grupo inglés, Incluso él, en el escenario, se viste, se mueve y se comporta como una suerte de émulo tropicalizado de David Gahan. Con dicha agrupación, Ismael está tratando de romperla en grande.

En su vida personal, Rivera sostiene una relación estable con Violeta (Guillermina Campuzano), una joven quien trabaja como educadora. Sin embargo, cuando hay oportunidad y aprovechando su carisma y atractivo físico, tiene aventuras amorosas fugaces con otras mujeres. Ella lo sabe y lo tolera, por el amor y la admiración que le profesa. Pero un día, ambos tienen una fuerte discusión cuando la joven le revela sus deseos de tener un hijo suyo, a lo cual el cantante se muestra renuente, porque para él su carrera es algo más prioritario que formar una familia.

A partir de esta discusión viene la separación de la pareja. Ismael, quien en esos momentos está teniendo sexo ocasional con una chica llamada Mónica (Dayana Tellerías), intenta fomentar una relación más seria con ella, mientras que Violeta, la cual en días anteriores ha hecho amistad con una pareja de Elders o predicadores mormones (intepretados por Evan LaMagna y Hansel Ramírez) comienza a sostener encuentros sexuales con uno de ellos -aunque la religión de este úlitmo se lo prohíbe-, buscando embarazarse y cumplir así su sueño.

Filmada con bajo presupuesto pero en formato de 16 mm., elaborada de modo elemental pero con un estilo rasposo, guerrillero y con cierto sabor a cine indie, jugueteando con varios elementos audiovisuales (por ejemplo, el uso del blanco y negro el cual cambia súbitamente al color, tras el rompimiento de la pareja), y narrada con más corazón que pericia, Minezota concibe un microcosmos en el cual relata las historias individuales de sus protagonistas, donde la búsqueda de algo es el hilo conductor el cual las une. Ya sea el éxito, el deseo, la maternidad, la libertad o la verdadera identidad sexual, cada uno de sus personajes toma un camino para alcanzar alguno de esos particulares anhelos, llevándolos en ocasiones a transgredir los límites morales impuestos por la sociedad o la religión, y obteniendo cada uno diferentes resultados en sus particulares lances.

Todo ello teniendo como escenario los paisajes urbanos propios de Ciudad Neza: sus estaciones del metro, sus grandes parajes abiertos, sus canchas de fútbol llanero, el ferrocarril el cual pasa por allí, sus calles y sus unidades habitacionales…  espacios omnipresentes en muchas de las escenas, y que de alguna forma terminan por transformar a la urbe en otro protagonista. Uno silencioso, quien -al igual que el espectador- mira a sus habitantes y sus altibajos con curiosidad e interés, al pendiente de sus desenlaces… y a veces, se muestra divertida con varias de las situaciones en las cuales los personajes se involucran.

Otra presencia que gravita sobre el filme es la de Depeche Mode, presente en fotos, pósters y otras referencias, aunque en realidad no se toca una sola de sus canciones a lo largo de la película. Pero en su lugar, se cuenta con una atractiva banda sonora original compuesta por Pablo Mondragón, cuyas composiciones (como “Verte Sonreír”, “Canela”, “La Loba Que Por Tí Aúlla” o “No Es Que Tenga Mi Nombre”) tienen un sabor tecno-pop inspirado por el sonido de la banda, e incluso evoca algunos de sus temas más emblemáticos. Dicho sea de paso, y más allá de las reminiscencias con el sonido Depeche, este soundtrack por sí mismo resulta sumamente atractivo y no tiene desperdicio.

A pesar de las carencias técnicas y narrativas las cuales aquejan al largometraje, Minezota resulta un trabajo disfrutable, que funciona por su apabullante vitalidad y humor, su sabor callejero y popular, y sobre todo; por el tono genuino conferido por el director y/o guionista de producciones como Eddie Reynolds y Los Ángeles de Acero (2014) o Crónicas chilangas (2009), este último su debut cinematográfico. También se agradece que su trama transcurra en paisajes urbanos distintos a aquellos empleados de forma recurrente en el cine mexicano actual.