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Carientismos: El mame nuestro de cada día

Carientismos: El mame nuestro de cada día

10/Feb/2020

O de cómo discutimos de lo que sea nomás para legitimarnos.

Hace unos días las redes sociales se alborotaron, una vez más, por un tema relativamente superficial, pero del que, también una vez más, todos quisimos ser partícipes y opinar. Hablo de cuando Zombra, grafitero mexicano, “pisó” (grafiteó encima) un mural realizado por la ilustradora estadounidense Sarah Andersen, conocida por las viñetas Sarah’s Scribbles (cabe mencionar que el mural fue patrocinado por Samsung, Pictoline y TikTok). 

¿Por qué retomar este tema? Porque si bien diario hay algo de qué armarla de pedo en redes sociales, este tema en particular destacó porque buena parte de los comentarios se apoyaba en posturas con argumentos relativamente válidos. Es decir, a pesar de ser un tema mundano, la discusión en general no cayó en un argüende volátil y sin sentido (salvo algunas posturas puntuales).

 

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HI FRIENDS! I painted a mural in Mexico City! This was such a fun and unique experience. The mural is designed with a lot of poses in the hopes that people will try to pose alongside the character. I would love to see your photos next to the mural! Thank you to @pictoline who brought me over and helped me paint! <3 The mural address is Calle Mérida esquina con Tabasco Colonia Roma Norte, CDMX.

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¿A qué me refiero? La discusión se podría equiparar a aquella historia en la que unos ciegos se encuentran ante un elefante y, en su afán por describir la totalidad del animal, cada uno construye una imagen mental a partir de lo poco que alcanza a sentir con sus manos: la trompa, la cola, los colmillos, las patas, las orejas, etcétera. De esta manera, la “pisada” del mural sirvió como excusa para plantear argumentos que legitimaban el contexto de quien emitía cada juicio: arte urbano, feminismo, esnobismo, etcétera. En contraste con otras ocasiones, el mame no consistió en discutir “para tener la razón”, sino en legitimar una perspectiva sobre cómo se podía interpretar el hecho.

Claro que hubo polarización en las posturas: algunos tacharon de naco al grafitero por “arruinar” la obra bajo la idea de que “por eso no podemos tener nada bonito”, mientras que otros lo aplaudieron porque consideraban que se trataba de un “mural gentrificador” (y recordaban que era algo a lo que se arriesgaba cualquier obra expuesta en un espacio público). A medida que pasaron las horas nuevas posturas surgieron, complementando posibles lecturas y ofreciendo contexto sobre lo ocurrido: se habló de que “pisar” con un tag era un código habitual entre los grafiteros, de que ese mural ya había sido utilizado por otros artistas urbanos y que ahora había sido “coptado” por una marca, se describió la trayectoria de Zombra, y se discutió la relevancia del discurso implícito en las viñetas de Andersen. Vamos, se pusieron sobre la mesa temas tan diversos como la inseguridad en la ciudad, la apreciación artística, la apropiación de los espacios públicos, el feminismo, la gentrificación, etcétera. 

A grandes rasgos, ¿qué ocurrió?

  • Acto 1: Samsung, Pictoline y TikTok encargan un mural a Sarah Andersen para una pared de la colonia Roma, en la Ciudad de México. 
  • Acto 2: Un día el mural aparece grafiteado, “pisado” con un tag / bomba, y a medida que avanza el día se da a conocer que fue un artista urbano llamado Zombra
  • Acto 3: Las redes sociales explotan y se empiezan a desarrollar posturas contrastantes, donde cada quien ofrecía contexto sobre los actores involucrados y los hechos. 

Pero no fue tan sencillo, razón por la que cada postura se vio en la necesidad de dar más contexto a medida que pasaban las horas: 

  • El muro había sido utilizado por otros grafiteros con anterioridad, y constantemente era cubierto, razón por la que el mural patrocinado sí podía ser tachado de “gentrificador”, pues ese respaldo “institucional”, y el carácter “extranjero” de la autora, harían que se respetara dicho mural. 
  • Sarah Andersen es una ilustradora que, a través de la tira Sarah’s Scribbles, problematiza de manera humorística muchos aspectos de ser mujer en la actualidad: ansiedades, temores, torpezas e incomodidades, además de situaciones como el mansplaining y los prejuicios hacia la mujer en los entornos cotidianos, razón por la que tanto ella como su obra se han vuelto cierto tipo de estandarte para la cultura pop del feminismo contemporáneo, “pisarlo” sí era, para algunas personas, una afrenta a lo que representaba (aunque no fuera realmente la intención de Zombra al momento de rayar el mural).
  • Zombra es un grafitero con larga trayectoria en cuanto al arte urbano en México, su obra se ha expuesto en el extranjero, tiene una marca de ropa, y se ha hecho famoso por “pisar” con tags ciertos contextos de manera “incómoda” (como la famosa escultura “El Caballito”, de Sebastián), haciéndose por una parte promoción, pero también reforzando el discurso del arte urbano como una forma de apropiación de los espacios. 

En fin, hubo muchas perspectivas en juego, cada una válida a su manera. Esto me recuerda a Janet Staiger, académica que plantea que por la diversidad de características del público de una película se pueden hacer varias lecturas simultáneas de la misma obra: históricas, económicas, políticas, de género, narrativas, etcétera (algo así como una interseccionalidad de los espectadores cinematográficos). Ella habla de “espectadores perversos”, donde cada quien lleva elementos de la experiencia de ver una película a su molino, con cierta alevosía implícita, aunque no por eso negativa. Pues bien, lo mismo pasó con las lecturas sobre lo que ocurrió con ese mural. Sin embargo, esa “lectura perversa” no se quedó en el plano individual: cada quien la utilizó para legitimar el contexto desde donde hablaba, poniendo su agenda personal sobre la mesa para abrir la discusión. Es decir, se hizo una lectura parcial del hecho de manera similar a la historia de los ciegos y el elefante, pero al momento de construir la totalidad de la interpretación del fenómeno la lectura, si bien parcial, tenía cierta validez: 

    • Algunos grafiteros se apoyaron en la acción de Zombra para hacer explícitos los códigos del arte urbano, reforzando su razón de ser (e incluso algunos tacharon a Zombra de fresa y privilegiado). 
    • Algunas mujeres destacaron la relevancia del discurso hasta cierto punto feminista de Sarah Andersen, así como la importancia de que haya más obras de arte urbano hechas por mujeres en la ciudad (razón por la que algunas consideraron que la pisada fue por ser mujer, aunque no hubiera indicios de eso y todo apuntara a mero afán de “pisar” la obra, algo común en el arte urbano). 
    • Algunos esnobs criticaron tanto el mural como el tag para hablar sobre valores estéticos: lo que realmente es arte vs. "meros dibujito" o "un garabato chaqueto", dejando entrever posturas hasta cierto punto conservadoras.
    • Algunos machistas, disparándose en el pie con una contradicción, cabe aclarar, minimizaron la indignación de las mujeres al recordar las pintas que se hicieron en el Ángel de la Independencia, bajo la idea de que dicha indignación era contradictoria al quehacer feminista. ¿Por qué digo que “disparándose en el pie”? Porque dicho argumento a la vez era contradictorio, pues se indignaron en su momento por las pintas feministas, además de que ambos hechos no son equiparables.
    • Algunos mmm… ¿hípsters? (dígase, gentrificadores) hablaron sobre la importancia de decorar el entorno urbano y “hacer bonita la ciudad”; “más habitable” y “menos violenta” (sí, el mejoramiento del entorno urbano genera beneficios a la sociedad, pero se suele omitir que se habla desde una posición privilegiada y que excluye a otros). 
    • Algunos dedicados a los estudios sociales y urbanos hablaron sobre las consecuencias negativas de la gentrificación, pues implica el desplazamiento de otras comunidades que también habitan dichos espacios, además de cómo hay relaciones de poder: una marca sí puede apropiarse de un muro, no así un artista callejero que vive en el barrio. 

Al final del día, cada quien hizo una lectura “perversa” del hecho y, en el proceso, buscó legitimar su propio contexto a partir de una lectura “miope”, pero no por eso “inválida”, del hecho. Por eso este mame en particular fue interesante: si algo tan mundano como un tag ególatra sobre un mural decantó en perspectivas así de contradictorias, pero igual de válidas, ¿qué se puede esperar de temas más complejos? La discusión real trasciende el devenir del mural, tiene que ver con quién y cómo se puede apropiar de los espacios públicos, algo que se vive cotidianamente y que se ha discutido cuando se ha prohibido a los sonideros realizar celebraciones, cómo cuando las autoridades “acompañan” a quienes celebran cuando la selección gana un partido importante, pero “resguardan” a quienes se manifiestan por sus derechos al marchar. Pero bueno, no hay nada nuevo bajo el sol, es el mame nuestro de cada día en las redes sociales.

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