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Canoro: [Capítulo 4] El circo de la basura

Canoro: [Capítulo 4] El circo de la basura

15/Jun/2021

¿Será este sujeto el único que disfruta se haya terminado… por ahora?

Ninguno de vosotros me puede representar.

El joven encargado no recogió su basura esta mañana. Se percató al ver esa bolsa retacada en la zona de siempre; consciente de que los desperdicios ya no soportan un día más, se dirigió al basurero abrazando la bolsa y avanzando por el callejón que le encamina a ese sitio de moscas y desperdicios.

En su andar, se topó con uno de esos carteles de plástico colgados en los postes con el retrato de un sujeto que intenta transmitir seguridad y confianza, de un saco pintoresco y una camisa fina; con un nombre de apellido coqueto escrito con tipografía llamativa. Todo eso acompañado de un “¡vota por la mejor opción!”, y al día de hoy se sigue preguntando a qué opción se refería. Todo en esa mínima imagen le resultó incrédulo y saturado de falsedad, tanto le costó reservar su abrumar que sujetó fuerte el anuncio y tiró hasta arrancarlo. Lo hizo un rollo como cartulina recién comprada en papelería, para posteriormente depositarlo en la bolsa de residuos.

Estoy seguro que no dio más de cinco pasos, cuando se encontró con otro anuncio similar: el mismo tipo de retrato, con otra sonrisa maquiavélica y esa leyenda de invitación a votar. Una vez más jaló con fuerza, enrolló y depositó. Repitió esa acción tres veces más, de tres candidatos propuestos y de tres partidos políticos distintos. Cuando levantó el rostro, localizó más y más. ¡Muchos más! Me encantaría pensar que el admirar tanto rostro sonriente lo desmotivaría a continuar con la agotadora actividad, pero fue todo lo contrario.

Se le escuchaba tararear “democracia que se convierte en banalidad”, canto que seguro lo puso a pensar del por qué, si las elecciones -¡por fin!- habían concluido, no todo desaparece con ellas. Y es que esa incredulidad resulta un golpe reflexivo, específicamente en ese ejercicio falaz con el que se intenta convencer a una sociedad que no quiere ser convencida, sino atendida. Se vive un poco de incongruencia partidaria cuando el ofrecimiento es tan utópico como el que lo ofrece.

“¡El desdichado momento terminó!”, se le escuchaba gritar mientras le conté el noveno anuncio arrancado. Pero en el décimo algo lo hizo corregir su consigna; sospecho se percató de que esto apenas está por comenzar. Que si bien es cierto da gusto que se haya retirado tanta propaganda política de todos los rincones de este país, la siguiente fase de esta película de terror está por arrancar.

Resulta cretina la acción de ofertar actores en cada tarima política, de diversos medios, con supuestos partidos diferentes, de ideologías e intenciones diversificadas y con finalidades seudo-separadas. ¿Qué acaso no todo resulta ser lo mismo? No hablo de sujetos que se rentan para intentar aportar al país, sino de tiburones hambrientos de peces verdes, de canguros que intentan saltar más altos sin dejar de retacar su bolso con los recursos disponibles; hablo de cerdos con chiqueros lujosos que son alimentados en exceso para después guisarlos. Me refiero a hombres y mujeres estereotipados, con pensamientos arcaicos y un nivel de oportunismo tramposo con el que buscan venderse a una nación que no tiene ni un centavo para comprarlos; adjudicarse con artefactos incontables, con recursos abusivos en campañas obsoletas y de un arrasador gasto público que tanta falta hace en otras prioridades.

Al parecer, ellos dicen y dicen y a la vez no dicen nada. Cada cierto periodo nos dan la oportunidad de votar por un blanco o un negro sin poder optar por otro color; y ahí estamos, sumisos como un pavo esperando la navidad aguardando el milagro. “Ni fu ni fa”, así susurra la canción española que evidencia esa basura electoral,  basura como la que lleva el sujeto enrollando en menos de cuadra y media. La misma basura que se refleja en calles inundadas, con huecos mortales en plenas avenidas y con zonas sin iluminación. ¿O hay acaso barrios fuera de la plusvalía que se libre de ese cáncer?

Aquel tío seguía recabando esa publicidad detectando las incongruencias: “¡por una alcaldía sin corrupción!”, mientras en la esquina el patrullero negocia con el “viene-viene”; “¡Todos juntos por un cambio!” escrito en pancartas como hace 50 años; ¿es él único que localiza el sarcasmo? En fin…

Decidido de deshacerse de todo ese desperdicio (tanto de materia prima, presupuesto y honestidad), y con un rollo de cartelones que claramente solo eran de una de las más de 25 mil calles en nuestra ciudad (sin contar los estados hermanos que se encuentran igual... o peor), por fin llegó al depósito en donde una joven vela el lugar. ─ Te aseguro que re-techaré mi hogar con toda esta propaganda”─ le confesó la veladora. Y a lo que el sujeto respondió: ¿Y si todo el dinero que representa esta porquería se invirtiera en hogares que no tengan techos de plástico?

Por fin se terminó la época electoral. Y también sé que no es necesario que el joven no recoja la basura por las mañanas para percatarse de esta innecesaria vacilación. Total, siempre gana y pierde el igual, por eso a mí el voto [in]útil ni fu ni fa.

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