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Sans soleil, un filme sobre la memoria y el tiempo

Sans soleil, un filme sobre la memoria y el tiempo

24/Ene/2013

“La première image dont il m'a parlé, c'est celle de trois enfants sur une route, en Islande, en 1965…” (Florence Delay)

La memoria no sólo puede almacenarse en la mente, sino también a través de la cámara cinematográfica. Esto es un poco de lo que Chris Marker nos expone en su documental ensayístico de 1983, Sans soleil.

Ver Sans soleil en pantalla grande es una exquisitez, un lujo sólo posible gracias al festival de cine documental Ambulante. Este año, entre muchas otras novedades, Ambulante trae a nosotros la Retrospectiva Chris Marker, un homenaje al recientemente fallecido documentalista de la Nouvelle Vague. Al mismo tiempo, esta muestra pondrá ante nosotros filmes clásicos de una belleza inigualable como La Jetée y por supuesto Sans soleil, entre otros. 

“Él me escribió....", comienza diciendo una mujer que lee en voz alta las cartas de su amigo viajero. Esto sucede mientras las imágenes documentadas dan inicio a su danza fantasmal. Imágenes de otros tiempos y lugares que fueron puestas al servicio de aquella inalterable voz femenina. Las imágenes de una travesía en barco se entrecruzan con imágenes de la Segunda Guerra Mundial, invertidas al negativo, que un japonés  almacena en una extraña máquina a la que ha llamado La Zona, en honor a la cinta Stalker de Andrey Tarkovski. La voz de Florence Delay nos relata todo esto y más. Nos hace partícipes de los pensamientos de un viajero, mientras las visiones cinematográficas funcionan como contraparte ensayística de todo aquello que las palabras no terminen de expresar. A lo largo del filme, reflexiones –políticas, íntimas, eróticas, sobre videojuegos antiguos como Pac-man, sobre comics japoneses, sobre arte y sobre la existencia– se cruzan con las imágenes de los viajes que Marker realizó a lugares tan lejanos entre sí como Japón, Guinea-Bissau, Iceland y San Francisco.

A partir de su mecanismo cinematográfico, Marker interpreta imágenes tomadas del flujo de lo real; al mismo tiempo desarticula unas y termina generando otras tantas. El mundo es un palimpsesto de miradas, pareciera querer decirnos la película todo el tiempo. Desde una mujer japonesa que le reza a alguna deidad gatuna para que proteja a Tora, su felino desaparecido, hasta el grito de batalla de los kamikazes, en el ataque a Pearl Harbor: “Tora, Tora, Tora!” Como dijera alguna vez Breton, el mundo está conectado por extraños vasos comunicantes que provienen de aquello que está debajo de lo Real.

Un filme de imágenes poderosas e ideas luminosas que representa uno de los grandes antecesores de mucho del cine independiente más interesante de nuestros días: de las últimas innovaciones de un Jean-Luc Godard en Filme Socialista, pasando por mucho del documental moderno, y quizás también de los trabajos de un Carlos Reygadas y un Apichatpong Weerasethakul.

“Creo en un mundo donde cada memoria pueda crear su propia legenda…”, menciona en algún momento la voz de la narradora. Son las palabras del viajero que le escribió tantas cartas; al mismo tiempo son las palabras de Chris Marker reflexionando sobre la imagen cinematográfica y el documental, como una nueva forma de memoria. Para el realizador el cine se devela como una memoria que va más allá de lo humano, una memoria que fluye con el tiempo y que de alguna forma, nos reconecta con éste.

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