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Metal y Hueso de Jaques Audiard

Metal y Hueso de Jaques Audiard

20/Sep/2012

Un filme que hace énfasis en las extremidades perdidas; ya sea del cuerpo o del espíritu.

La sinécdoque del alma llevada a su máxima expresión, una especie de zoom al interior de una mujer herida.

Metal y Hueso, de Jaques Audiard, es un drama de amor que explora los contrastes y los gozos del azar, de la imperfección de lo humano y de esos pequeños destellos de simpatía que pueden cambiar un destino. Ya habíamos presenciado a Jaques Audiard sondear esos corredores de la substancia sensitiva en filmes como El Profeta y Lee mis labios.

Esta nueva pieza es una cinta construida desde dos flancos. Primero contemplaremos el panorama de una bella chica de nombre Stephanie (Marion Cotillard), que levita en una especie de narcisismo de la mirada; entre el ser admirada y provocar el deseo. Hasta que un corte brutal a su antiguo estilo de vida cambiará todo: la protagonista pierde las piernas en un accidente, ocasionado por una orca, en el acuario donde trabaja.

Después nos encontraremos en el territorio de Ali (Matthias Schoenaerts), un buscabullas, desequilibrado y bueno para nada. Un sobreviviente de las calles que se debate entre su instinto de fuga y la responsabilidad que le impone su pequeño hijo.

El punto de crucé entre estos dos personajes será un encuentro fortuito en un bar, nada especial ni definitivo, el mero intercambio de teléfonos. Hecho que, posteriormente, y a raíz del accidente de Stephanie, precisará la reunión de estos dos individuos. Un perfecto juego de miradas llevado hacia una intensa profundidad.

Es bastante interesante la forma en que Audiard logra trazar y, posteriormente, unir las trayectorias de sus protagonistas. Con mucha más expresividad y madurez en el tratamiento de estos temas, pero aún conservando muy presente en este filme, los lejanos ecos de esa emblemática Lee mis labios; otra historia de una mujer herida y un rufián bondadoso (ese broken man que tanto obsesiona a este realizador francés).

Asimismo, la sencillez, la fuerza expresiva y la originalidad de una Marion Cotillard bastante más creativa (y, a momentos, más deliciosa que nunca), fuera de los reflectores de Hollywood, sorprenderá a más de uno. Del mismo modo este señor Schoenaerts se llevó mis aplausos con ese personaje bien parecido pero rudo; bastante bien trabajado y logrado, como un Mike Rourke de los primeros tiempos. Aunque tal vez me evoca un poco más a Martin, el meditabundo protagonista de Submarino  de Thomas Vinterberg.

De rouille et d'os es un espasmo de cruda realidad que choca contra las expectativas del espectador. Es la muestra de la fragmentación del cuerpo y de los sentimientos como metáfora para revelar el dolor y su posible cura. Así, Audiard evade hábilmente los clichés del drama amoroso para llevarnos hacia un territorio de posibilidades inesperadas.

Para todos aquellos que gocen de un cine romántico pero inteligente, ésta es una opción perfecta para explorar dentro de las miradas del 16 Tour de Cine Francés. Una recomendación infalible.

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