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La caridad #Distrital2016

La caridad #Distrital2016

La caridad: rehabilitando las emociones íntimas

José Luis y Angélica son un matrimonio maduro que recién han cumplido 30 años de estar juntos. Desafortunadamente, sufren un accidente automovilístico que tiene como resultado que a José le tengan que amputar una pierna.

A partir de este acontecimiento, sus vidas ya no parecen ser las mismas: José Luis tiene que someterse a terapia de rehabilitación que, al concluirse, provoca que se encuentra con diversos obstáculos para poder llevar la vida que acostumbraba,  lo que genera una actitud taciturna y callada. Angélica, por su parte, también tiene dificultades para adaptarse a la nueva situación, y gradualmente se sumerge en un mutismo crónico a la vez que intenta aferrarse a una felicidad pasada, representada en un disco de vinilo con éxitos de los Hermanos Carrión que rescata de un rincón del ropero, y que posteriormente transfiere a un CD que escucha de forma obsesiva en su auto. El accidente también los mutiló en el aspecto emocional. 

El segundo largometraje de Marcelino Islas (egresado de Centro de Diseño, Cine y TV de la Ciudad de México) es una dolorosa y emotiva reflexión sobre la fragilidad de las relaciones intimas, y como estas pueden deteriorarse hasta un punto de quiebre. Parte de una trama sencilla, ejecutada con una economía de elementos (locaciones, tomas, actores y diálogos) conjuntándolos con una cuidada narrativa y un balanceado desarrollo dramático que busca, más allá de lo argumentativo, hacer que el espectador perciba y sienta. Tenemos los silencios en pantalla de los protagonistas que logran comunicar mucho más que lo que cualquier verborrea exacerbada o desplante histriónico pudiese lograr. Las miradas, gestos y posturas corporales de los actores logran transmitir al espectador el desasosiego, la desesperación, la tristeza y la soledad que sus personajes experimentan.

 El cuadro de actores una de las grandes apuestas de la película. Encabezados por una estupenda Verónica Langer que encarna a la atribulada Angélica y a un recuperado Jaime Garza que, en una de esas situaciones donde la realidad y la ficción empatan, interpreta al convaleciente José Luis. La tensión dramática, la consternación y el dolor íntimo que gravita entre la pareja forma entre ellos una barrera muy densa que empieza a distanciarlos. Así, mientras vemos como José Luis comienza a volcar sus deseos (carnales y de comunicación con otro ser vivo) hacia la figura de Eva, una enfermera que lo cuida temporalmente y que le cuenta sus intimidades sexuales (interpretada por una sensual y discreta Adriana Paz), Angélica empieza a sentirse frustrada y sola, y busca desesperadamente la compañía de alguien que de nuevo la haga sentir viva.

Sin embargo, ambos personajes tendrán que aprender que al final del día sólo se tienen el uno al otro, y se verán forzados a llevar su relación bajo nuevos términos. Deberán sobreponerse a su recién adquirida invalidez emocional y ver si pueden volver a caminar juntos.

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