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Dulces sueños, mamá

Dulces sueños, mamá

De infancias perturbadas y siniestras.

Elías y Lucas son dos hermanos gemelos que pasan juntos gran parte de su tiempo. Habitan en una moderna casa enclavada en una idílica zona boscosa un tanto apartada del poblado más cercano. Allí, durante largas tardes, juegan y exploran los alrededores de la propiedad. Los dos viven con su madre, quien ha estado ausente por una estancia en el hospital, y un buen día vuelve con el rostro totalmente vendado a consecuencia de una cirugía. Los hermanos la reciben con algo de distancia y recelo, y en los días subsecuentes notan un comportamiento en ella que les parece particularmente raro.

Poco a poco, en su mente comienza a germinar una inquietud: ¿la persona debajo de los vendajes es su verdadera madre, o se trata de una impostora que busca dañarles? Esta incertidumbre, aunada a una serie de pesadillas que les atormentan y a extraños sucesos de los que son testigos, contribuyen a elevar la tensión y los orilla a tratar de averiguar lo que sucede, sin importar que haya que tomar medidas extremas y llevarlas hasta sus últimas consecuencias.

Producida por el cineasta Ulrich Seidl (Días perros, Import/Export y la trilogía Paraíso), esta es la ópera prima  de su guionista de cabecera, Veronika Franz, filmada a dúo con el documentalista Severin Fiala, resultando en una obra de suspenso que reflexiona en torno a la identidad, la incomunicación y la falta de empatía al interior de las familias modernas. El tono de la película es de desencanto, causticidad y violencia latente, lo cual la ubica en la línea predominante de la cinematografía austriaca actual, con Michael Haneke a la cabeza.

De hecho, Dulces sueños, mamá se emparenta con Funny Games (1997), cinta clásica de Haneke, sobre todo en aspectos como presentar personajes fríos y crueles con psiques dañadas o distorsionadas, así como la creación de atmósferas angustiantes y desquiciantes. Y eso es justamente lo que la película ofrece. Durante poco más de hora y media, seguimos a los personajes en su búsqueda de aclarar lo que está ocurriendo, y la respuesta definitiva es un shock tanto para ellos como para el espectador; aunque los más avispados podrán ir detectando algunas pistas que les ayuden a descubrir lo que pasa realmente.

El filme también arroja una mirada a una infancia lúgubre y perversa, y a la malevolencia amoral oculta en la psique y el imaginario infantil que, bajo determinadas condiciones, puede irse por siniestros derroteros. Este tema ha sido abordado por el cine en distintas ocasiones, pero pocas de ellas con tal solvencia y profundidad.

Dulces sueños, mamá es una cinta que se mueve hábil y delicadamente entre los terrenos del misterio —el thriller psicológico y el horror—, y una vez que uno conoce el desenlace, deseará verla por segunda ocasión para revisar estos nuevos hallazgos.

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