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El Guanajuato de los Muertos cinéfilos
El Guanajuato de los Muertos cinéfilos

El Guanajuato de los Muertos cinéfilos

22/Jul/2012

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Cuenta la leyenda que un gringo loco de nombre Tim Burton estuvo deambulando, no hace muchos años, entre las tumbas del Panteón municipal de Santa Paula en Guanajuato. Un panteón digno de película, cuya relación con lo fílmico es cosa ya legendaria; lugar perfecto para esto de ver películas de terror al pie de las tumbas.

“Cine entre Muertos” es otra de las actividades ya consagradas del Guanajuato International Film Festival. Consiste básicamente en meterse al cementerio, de noche, sentarse frente a una pantalla al aire libre y ver películas de horror. Cosa de locos. Tomando de referencia al país invitado este año, el menú fue una serie de extravagantes cortometrajes holandeses; entre los que destacaron The Origin Of The Creatures (2010) de Floris Haayk y Rumoer (2011) de Jon Doense. Y claro, para cerrar tuvimos la movie de terror Zwart Water (2010) de Elbert Van Strien. Los cortos fueron piezas bastante interesantes que buscaban casi siempre generar sorpresa con sus desconcertantes desenlaces. La película Zwart Water fue un terror de puro cotorreo; muy en el género de esas historias con fantasmita que vaga la casa abandonada y con ligeros toques de filme psicológico y terror al estilo japonés; perfectamente chacotera como para esta velada en el panteón.

    Mi peregrinación comenzó con la imprudente necedad de no tomar taxi y caminar desde la Alhóndiga hasta el cementerio. “No, joven, tome taxi, está muy dura la subida” fue lo que me dijeron en los tacos, momentos antes de adentrarme en el viaje. Lo peor es que tenían razón, sin embargo emprendí el ascenso acompañado de un viento que ya arreciaba. Casi al llegar me perdí en una cruce de calles, allí encontré a una chica que vivía en la zona, la cual estaba sorprendida de que yo quisiera visitar un panteón a las diez y tantas de la noche. “Por lo regular suelen cerrar temprano. Es que la gente visita a sus parientes más temprano. ¿Tú a quién vas a visitar?” Le dije que sólo quería conocer el lugar, no quise perturbarla con el relato de un montón de gente que se mete a ver películas de susto, de noche, en los panteones. Incluso para mí era algo nueva la idea.

    Al llegar al panteón me cautivó el lugar desde la fisonomía y pensé en Dante Alighieri (sobre lo de abandonar toda esperanza…) y, otro poco más, en El Santo contra las momias de Guanajuato. La pantalla ya estaba instalada aunque a esa hora todavía no llegaba el distinguido público, así que tuve tiempo de recorrer a mis anchas las tumbas. Aunque no me fue posible encontrar las huellas de Burton, pude empaparme como él de esa atmósfera tan peculiar de este mausoleo. Ese caminar entre sepulcros con la voz de todos los rehiletes susurrando cosas a tu espalda; haciéndote mirar sobre el hombro a cada instante. Los muertos ya están muertos me dije, cuando de pronto divisé a lo lejos un montón de extrañas siluetas reflejadas a contra luz sobre la pantalla. En realidad se trataba de cinéfilos que cumplían con su cita nocturna.

    El ambiente, más allá del gélido aire de monte que se te metía entre los huesos, fue cálido y lleno de chistes. La gente se divertía de verdad estando allí. Las pantallas se agitaban con el viento, mientras el público murmuraba para espantar al de al lado. Incluso por allí se escucharon algunos aullidos lastimeros. A lo largo de la proyección del filme Zwart Water no se hicieron esperar los famosos brinquitos en las escenas de susto. La ficción terrorífica comenzó a jugarnos bromas psicológicas. La gente de vez en cuando echaba una mirada hacia las tumbas para cerciorarse de que todo estuviera en orden; los vivos con los vivos y los muertos, bueno, allí, con nosotros también. Todo aquello fue una verdadera convivencia (cinéfila) con los difuntos. Que no se diga que no los visitamos de vez en cuando, aunque sea a nuestra manera.

Mientras corría en plena madrugada escapando del panteón y en busca de un taxi desocupado, recordé a todos esos héroes de películas escapando de cementerios malévolos. ¿Por qué será que uno siempre sale huyendo de estos lugares? ¿Será que hasta el viento tiene miedo? En algún momento recordé algo que decía mi abuela sobre la tierra de panteón: que es mala para la salud o algo así. Pero qué se le iba a hacer. En esta proyección, al menos, como si se tratara de un hechizo de brujo posmoderno, tuvimos allí toda la tierra de cementerio posible, una convivencia real con los muertos y también a los fantasmas danzantes del cinematógrafo acompañándonos en nuestra excéntrica velada... Como debe de ser.

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