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Alza la voz a los 17 años

Alza la voz a los 17 años

02/Ago/2012

Judith Supine es un artista neoyorquino que desde su infancia sufrió una rara condición, la cual no le permitió hablar durante los primeros 16 años de su vida. Con sólo gemidos y ruidos como respuesta ante su situación, lamentablemente, los padres de Judith tuvieron que reconocer el hecho de que su hijo era mudo. Al ir creciendo, Supine encontró en el dibujo un método perfecto para poder comunicarse con su madre; pronto las revistas, el pegamento, los collages y la pintura comenzaron a llamar su atención. Sin darse cuenta, Judith construyó los cimientos de lo q parecía ser una exitosa y prometedora carrera en el futuro pero lo mejor aun estaría por venir.

Un buen día, un mes después de haber cumplido su décimo séptimo aniversario, Judith recuperó la voz que nunca le hizo falta. Gracias a su pasatiempo y a las múltiples necesidades que implicó su padecimiento, éste joven con ahora una segunda voz y con tan solo 29 años recorridos en el tiempo, encontró su vocación para poder expresarse. El trabajo de Supine es único en su clase y su técnica favorita para difundirlo es el wheatpaste. Fotocopias, exactos, recortes, revistas, fotos, ampliaciones y pornografía son básicamente los ingredientes secretos que el neoyorquino necesita para poder hacer su magia.

En el 2007, el trabajo de Judith habló por sí solo cuando sin más una de sus obras apareció colgada del famoso Puente de Manhattan, luciendo fenomenal. Su arte en vivo es algo tremendo y sin escrúpulos que llama la atención donde sea que lo ponga. Los colores fluorescentes y una buena mezcla de detalles es lo que caracteriza principalmente el trabajo de Judith Supine. Sus obras han pasado de su casa a las calles, y de éstas a las galerías en un abrir y cerrar de ojos; dejándonos muy claro que para ser un buen soldado lo único que se necesita es paciencia y ganas.

Recientemente, Judith ha trabajado con viejas leyendas del arte urbano incluido Shepard Fairey, y en el 2011 intervino las instalaciones de una galería en Los Ángeles con su más reciente exposición “Lady Boy”. El conocimiento lo podemos encontrar por encima y por debajo de las piedras, en botes de basura, en la calle, en las grandes escuelas y es nuestra propia casa si queremos. Representar un buen papel teatral y no el de un simple títere, es lo que sin trabas la gran obra de la vida nos ofrece.

Cuando las cosas se hacen bien y con pasión, es cuando más importancia adquieren. Los límites los ponemos nosotros mismos. Podemos hacer grandes cosas y de calidad con mucho o con poco dinero pero no sin entusiasmo. Transmitir un mensaje y dejar sembrado algo en alguien -quizás sin saberlo- es la mayor contribución que podemos ofrecerle al mundo hoy en día. Pocas veces sabemos valorar lo que tenemos, en especial cuando no carecemos de algo. Judith Supine es un gran ejemplo pues nunca se quedó callado a pesar de su condición. Y no queda más que decir que demostrar con hechos y no con palabras, de qué lado estamos, es lo que siempre valdrá la pena.

No es una revista, es un movimiento.