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We are X #GIFF2016

We are X #GIFF2016

Tuvimos la oportunidad de ver We are X en el GIFF y esta es nuestra reseña.

X Japan fue una de las agrupaciones metaleras más exitosas de la década de los ochenta surgida en la Tierra del Sol Naciente, y una de las más influyentes dentro del movimiento conocido como visual kei, caracterizado por el uso de vistosos y extravagantes vestuarios, peinados y maquillaje. En la cúspide de su carrera, vendieron más de 30 millones de discos alrededor del mundo y se convirtieron en un verdadero fenómeno en su patria. Paradójicamente, en el mercado occidental no lograron tanta resonancia debido principalmente a la barrera del idioma.

En 1997 la banda se desintegra tras darse a conocer la decisión de Toshi –su vocalista– de abandonar el grupo. La noticia siembra un profundo desconsuelo entre sus seguidores, algunos de los cuales caen en la histeria llegando a quitarse la vida. La terrible cadena de acontecimientos desatada por el anuncio culmina un año más tarde, con el aparente suicidio de Hide, su exguitarrista.

Esta y otras historias son narradas en We are X, séptimo largometraje del estadounidense Stephen Kijak, cineasta especializado en documentales musicales; quien nos lleva hasta las entrañas de esta agrupación valiéndose por un lado de un exhaustivo trabajo para reunir entrevistas e imágenes de archivo relacionados con X Japan provenientes de diversas fuentes; y por otro lado, presentando a cuadro los testimonios de algunos de sus integrantes, principalmente los de Yoshiki Hayashi, su baterista, compositor y fundador.

Al ser Yoshiki creador de X Japan y el responsable de mantener vivo su legado musical tras su desintegración, la mayoría del peso específico de la trama recae sobre sus hombros, y es a través de sus recuerdos y confesiones que conocemos a fondo su historia que va de la mano con la del grupo. Una historia de dolor tanto físico como emocional, llena de padecimientos físicos, tragedias personales, choque de egos, fanatismos desbordados, anhelos frustrados, y la muerte que les ha rodeado y golpeado en más de una ocasión.

Sin embargo, la suya no es solo una historia triste y marcada por la fatalidad, sino también sobre estrechas amistades, inquietudes y sueños compartidos por un grupo de jóvenes que desembocaron en un proyecto que nació, creció, triunfó y –recientemente– resucitó para tratar finalmente de alcanzar resonancia más allá de tierras niponas. El filme deja claro que X Japan es más que un conjunto de glamorosos rockstars, es el proyecto de vida al que cada uno de sus miembros se entrega sin reservas y con devoción otorgando hasta el último gramo de sus fuerzas en delirantes y paroxísticos shows.

X Japan se manifiesta como algo más que una exitosa banda comercial, asemejándose más a una fuerza que brinda propósito y vitalidad tanto a sus fans como a los músicos involucrados; permitiendo que estos últimos (en particular Yoshiki) transmuten sus penas y sufrimiento en energía positiva e ímpetu vital que fluye a través de su música, transformándola en una experiencia formidable, trascendental, casi de proporciones místicas.

We are X no solo logra captar la importancia que la agrupación tiene y de paso les rinde un merecido tributo, sino que hace patente el entrañable e íntimo significado que el nombre de X Japan tiene para sus integrantes y seguidores, expresado en un torrente de emociones que gira en torno suyo y que finalmente estalla en un épico y poderoso canto a la vida y la esperanza.