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14/Oct/2026
Ya sea por canciones emblemáticas como “Eye in the Sky”, “Time” y “Games People Play”, o por su trabajo como ingeniero de audio y productor en algunos de los discos más importantes de la historia, Alan Parsons ha construido una trayectoria de casi seis décadas marcada por momentos clave. Su legado quizá no siempre ocupe el centro de la conversación popular, pero su talento detrás de las consolas y sobre los escenarios lo ha convertido en uno de los nombres más respetados del rock y, particularmente, del progresivo.
A lo largo de su carrera, Parsons ha participado en grabaciones fundamentales, desarrollado un proyecto musical propio y explorado distintas formas de conectar la música con la literatura, la tecnología y la vida cotidiana. Previo a su regreso a México, repasamos cuatro momentos que ayudan a entender la dimensión de su legado.
Con apenas 19 años, Alan Parsons comenzó a trabajar en EMI Studios, hoy conocidos como Abbey Road Studios, donde participó en las sesiones de grabación de Let It Be de The Beatles. Aquella experiencia representó uno de los primeros acercamientos a una industria que terminaría definiendo buena parte de su vida profesional.
En distintas entrevistas, Parsons ha destacado la influencia de George Martin y su manera de trabajar con el cuarteto de Liverpool, especialmente por la forma en que conducía los procesos de grabación y daba dirección a las ideas musicales dentro del estudio.
También participó en las sesiones de Abbey Road, álbum que se grabó después de Let It Be, aunque se publicó antes. Su trabajo en ambos materiales quedó acreditado y significó un punto de partida extraordinario para una carrera que lo llevaría a colaborar con algunos de los nombres más importantes de la música.
La obra de Alan Parsons se ha distinguido por integrar conceptos narrativos y temáticos que van más allá de una colección de canciones. La literatura, la tecnología, los juegos de azar y las inquietudes sociales han servido como punto de partida para algunos de los materiales más representativos de The Alan Parsons Project.
Su álbum debut, Tales of Mystery and Imagination (1976), está inspirado en los relatos de misterio y terror de Edgar Allan Poe. Un año después, I Robot (1977) tomó como referencia el universo de la ciencia ficción de Isaac Asimov, con reflexiones sobre la inteligencia artificial, la tecnología y la relación entre los seres humanos y las máquinas.
Más adelante, The Turn of a Friendly Card (1980) exploró el mundo de los juegos de azar y sus implicaciones, mientras que Eye in the Sky (1982) abordó temas relacionados con la vigilancia, el control y la percepción de estar siendo observado.
Estas ideas ayudaron a construir una identidad en la que el rock progresivo podía convivir con narrativas conceptuales, arreglos meticulosos y una producción que invitaba a escuchar cada álbum como una obra completa.

Aunque su nombre suele asociarse con The Alan Parsons Project y su carrera como solista, una parte fundamental de su legado se encuentra en los discos que ayudó a construir desde el estudio.
Su trabajo con The Beatles marcó el inicio de un recorrido que continuaría con Atom Heart Mother y The Dark Side of the Moon de Pink Floyd, álbumes que consolidaron nuevas posibilidades para la producción musical y se convirtieron en referentes de distintas generaciones.
A su catálogo también se suman Wild Life y Red Rose Speedway de Wings, además de trabajos con The Hollies. Décadas después, Parsons continuó participando en proyectos vinculados con el rock progresivo contemporáneo, como The Raven That Refused to Sing (And Other Stories) de Steven Wilson y el quinto material de Blackfield.
Su capacidad para combinar precisión técnica, sensibilidad musical y una visión amplia del sonido le ha permitido dejar huella tanto en clásicos del rock como en producciones que han contribuido a mantener vigente el género. Una trayectoria que demuestra que el trabajo detrás de las consolas también puede transformar la manera en que escuchamos un disco.
En 2018, Alan Parsons y el ingeniero Noah Bruskin inauguraron ParSonics, un estudio de grabación ubicado en Santa Bárbara, California. El espacio combina tecnología de grabación con una estética cálida, marcada por la madera y una atmósfera que invita a trabajar con calma, lejos de la apariencia impersonal de algunos estudios contemporáneos.
Desde su creación, ParSonics ha sido escenario de distintas producciones, entre ellas The Secret (2019), uno de los álbumes de Parsons. El estudio también ha recibido proyectos y sesiones vinculados con otros artistas y producciones audiovisuales, extendiendo su actividad más allá de la discografía del propio músico.
La creación de este espacio representa una continuidad natural de su trayectoria: después de pasar décadas perfeccionando el sonido de otros artistas, Parsons mantiene un lugar dedicado a experimentar, grabar y dar forma a nuevas ideas musicales.
Entre los estudios de grabación y los escenarios, Alan Parsons ha construido un legado que conecta distintas épocas del rock. Su regreso a México será una oportunidad para reencontrarse con una obra que sigue demostrando el valor de la producción, la exploración sonora y las composiciones que trascienden generaciones.
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