Favoritos
Haz click en la banderilla para guardar artículos en tus favoritos, ingresa con tu cuenta de Facebook o Twitter y accede a esta funcionalidad.

27/Abr/2026
En un panorama musical cada vez más acelerado, donde las canciones parecen consumirse con la misma rapidez con la que se olvidan, RUVENRUVEN emerge con una propuesta que cuestiona esa inmediatez y la habita desde dentro. Tras años de trabajar como productor para otros artistas, el músico da un salto íntimo y arriesgado hacia su faceta solista. Ahora, su nuevo EP, Líquido, es una reflexión crítica sobre la forma en la que hoy consumimos arte: rápido, fugaz y, muchas veces, desechable.
Indie Rocks! Magazine: Comencemos esta charla hablando de tu salto a solista viniendo desde producirle a diferentes artistas.
RUVENRUVEN: Yo, en realidad, sí que… digamos que, a pesar de haber producido para otros artistas, al mismo tiempo también había estado componiendo para mí mismo y haciendo canciones, ideas, y, pues, lo que pasa con el coraje, con la… sí, de sacarlas, de publicarlas, y también todo lo que ello conlleva. La exposición que conlleva el ser como la cara de un proyecto y también volcarte sentimentalmente en algo que vas a escribir y crear.
A pesar de haber producido para otros artistas, pues nunca me había volcado a componer y, más bien, a sacar mis canciones, porque era algo que sí que había hecho —componer para mí mismo—, pero nunca me había decidido a: venga, vamos a sacarlo. Y me parecía un reto y un riesgo también emocional al que me quería enfrentar. Como decir: vale, a ver cómo puedo hacer esto. Y si soy capaz de hacerlo, porque quizás no lo fuera. Entonces, mientras estudiaba un máster de producción en Berklee, en una universidad de música, pues dije: es el momento perfecto para obligarme a hacer esto y ver qué pasa. Y, pues, la verdad es que me quedé muy contento porque me salió algo con lo que me quedé bien feliz y orgulloso. Y como que pude medir el éxito en “me gusta lo que ha salido” y, pues, ahí, realmente, en ese momento.
IR!: Al mismo tiempo que tú estás haciendo tu propia música, también te estás juzgando con mente de productor, ¿cómo te va con esa fusión de tener estas dos perspectivas en tu mente al momento de crear?
R: Es bastante complicado a nivel de saber en qué fase estás. Porque realmente, al ser producer, como que compongo mientras estoy produciendo y produzco mientras estoy componiendo.
Entonces, se me empiezan a solapar los dos roles y he tenido que aprender a ser bastante estoico y poder decir: vale, estoy en la fase de composición. No solo voy a coger un piano, la voz o guitarra y voz; no me voy a liar demasiado con cómo suena o cuál es el sinte de turno que voy a poner, sino que estoy simplemente haciendo el cuerpo de la canción. Y luego, en la fase de producción, es cuando juzgo la canción.
Y he aprendido también —porque me he equivocado haciendo canciones y, digamos, que en el proceso la he liado— que me viene muy bien separarlas en el tiempo. Decir: vale, pues yo compongo la canción y no la voy a producir hasta dentro de un mes. Y así, como que, de alguna manera, soy una persona diferente a quien la compuso y puedo juzgar a esa persona un poco, o a esa artista o a esa canción, desde un exterior que no llega a ser un 100% exterior, pero bueno, lo intento.
IR!: Cuando empezaste este proyecto solista ya venías de un montón de géneros en los que habías trabajando, ¿cómo supiste definir hacia qué género musical moverte?
R: A ver, yo realmente tuve la suerte de, en Valencia, estar trabajando con artistas que se acercaban mucho a lo que a mí me gusta hacer, eran proyectos en los que yo podía expresar un poco, como productor, los géneros que a mí me gustaba componer y hacer. Entonces, cuando saco el proyecto, realmente es una resaca un poco de todo eso y, pues, volviendo a tu pregunta, me di cuenta de que quería seguir tirándolo por ahí. Digamos también con la libertad de que es mi propio proyecto y que lo puedo llevar hacia los lugares que quiera, que al final lo bonito es que, como no tengo a nadie diciéndome cómo ha de ser el tema, pues puedo hacer un poco lo que quiera. Es como una especie de laboratorio, así que es divertido.
IR!: Y qué tan autoexigente eres, porque en este mismo tren de pensamiento de “solo te tienes a ti mismo” debe ser complejo.
R: Sí, pues mira, esto como que creo que aún no he aprendido a hacerlo. Es como que, hasta que no sé que está cien por cien, a mi parecer, no soy capaz de dejarlo pasar. Es como: “no, tal, pero aquí hay un ruidito, lo tengo que volver a mezclar”. Tengo que arreglarlo. Entonces, como en ese punto, es verdad que quizás no haya madurado todavía lo suficiente, pero de lo que sí que he aprendido un poco a madurar —y también que encaja o se relaciona con el motivo del EP nuevo que sale ahora, que se llama Líquido— es en no medir el éxito de las cosas con el impacto digital que pueda tener.
Porque cuando saqué el primer disco me agobié mucho y se me hizo muy bola, como muy pesado, el tener que estar ahí tan pendiente de las reacciones y que el éxito de la canción se midiese por eso. Y entonces, con este EP, he aprendido que debía posicionarme mentalmente más en medir el éxito con “estoy contento con el proyecto”, “creo que ha quedado una cosa artísticamente bonita o no”, y, si es que sí, pues estar satisfecho.
IR!: En contraste, ¿qué diferencias había entre tu música desde Plastic Boy y qué cosas veías ahora en este nuevo material?
R: Lo primero que hice es… me obsesioné muchísimo con el… al final, como te decía, es una especie de laboratorio en el que yo pruebo cosas que después puedo aplicar a otros proyectos u otras producciones. Entonces, cada proyecto que he hecho hasta ahora, lo que he hecho es obsesionarme con algo e intentar explotarlo al máximo. Encontrar sonoridades particulares.
El primero fue el glitch digital y la sobreexplotación de los recursos del software. Y eso fue en Plastic Boy. Y este segundo EP —y también en consecuencia al discurso este que te contaba de intentar relajarme en cuanto a las reacciones y todo esto— decidí hacer algo que fuese mucho más acústico, más natural y que, a pesar de ser un poco el estilo que venía haciendo en Plastic Boy, tuviese una sonoridad más de sala; como investigar las reverbs, los sonidos un poco más naturales, digamos.
IR!: Y ya entrando en tema de este nuevo material, cuéntanos acerca del concepto que va atrás de Líquido y la filosofía de Bauman que el mismo material retoma.
R: Pues esto era… no llevé muy bien el gestionar emocionalmente la resaca del primer disco y, después de eso, yo seguía haciendo canciones que no tenían nada que ver entre sí y era como: bueno, estoy haciendo temas. Y me volví a cruzar con Bauman, con un libro de Bauman; estaba con un amigo, con Robin Madrid, y me dijo: “justo estoy volviendo a leer esto y tal”. Dije: venga, va, voy a volver a leérmelo.
Y me volví a encandilar con esto y me empecé a dar cuenta de que, en realidad, podría crear una especie de relación entre lo que es el amor líquido o la vida líquida de la que Bauman habla con lo que a mí me había pasado dentro de la distribución de la música y de la reacción que podía tener.
Y, pues, se me ocurrió la idea de bajar ese concepto un poco al contexto musical e intentar denunciar —no de una manera como de profe o de querer dar clase de nada—, sino desde una perspectiva personal de cómo yo me había sentido y de cómo veía que se podía relacionar con todo esto.
Y era como decir: bueno, al final yo subo una canción que es un sentimiento de un día o de un determinado momento y acaba convertida en un código de unos y ceros, en un código, en un ISRC, junto a tres mil millones de códigos más del mismo tipo. Y parece que la manera en la que consumimos arte y música ahora mismo es como muy velocista. Es como: ya me he cansado, la he escuchado una vez, ya me he cansado, necesito otra.
Y, pues, un poco por ahí va toda la idea: de repente, crear un producto que se llamase Líquido, intentar hacer el símil entre una canción y un zumito que venden en el supermercado y que es, pues eso, de mil sabores y mega adictivo.
IR!: Parece que la música se está volviendo un producto muy desechable cuando, en su momento, con el objeto —el disco como objeto— tenías que hacer todo un proceso para llegar a consumirlo. Ahora, bueno, también tiene que ver con la democratización de la música, con la accesibilidad: es más fácil escuchar música, pero también hay unos riesgos que avanzan junto con la modernidad y que tienen que ver con lo desechable.
R: Totalmente. O sea, en ese símil está la idea y no es que sea ni bueno ni malo: salen otros formatos, salen otras cosas y, como dices, esta manera de consumir música también nos permite a muchos artistas estar en el foco de alguna manera y poder sacar nuestras cosas y publicarlas de una forma más sencilla o más realista. Como si no, quizás en otro momento no habría sido posible.
O sea, que no solo es algo malo, simplemente es como: hay bueno y hay malo. Y dentro de lo malo, pues está todo este riesgo de caer. Y una cosa, por ejemplo, que me sorprende mucho es que ha cambiado mucho la manera de componer canciones, de cuál es el objetivo de cómo ha de ser una canción y tal. Y en esa nueva fórmula hay cosas increíbles y hay cosas que comienzan a ser quizás un poco repetitivas, de desgaste y de consumo esporádico, y eso puede ser un poco insalubre para algunos artistas.
IR!: Para cerrar esta entrevista, ¿con qué mensaje invitas a toda la banda que va a leer esta nota a escuchar tu nueva música?
R: Pues nada, me gustaría que se parasen, que este EP les sirviese para tomarse un respiro y escuchar cinco canciones del tirón que he hecho desde el corazón y que hablan de cosas muy personales, y que vienen en un paquete listo, fácil y directo para el consumo.
Escucha lo nuevo de RUVENRUVEN aquí: