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The Lost: Reynold Reynolds y la deconstrucción del cine

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The Lost: Reynold Reynolds y la deconstrucción del cine
7 Agosto 2014

The Lost: Reynold Reynolds y la deconstrucción del cine

Por Editorial

El cine es la máquina-Nosferatu que se alimenta de la esencia de los vivos para nunca morir; un vampiro de la mirada que nos regresa flores resucitadas y prodigiosas desde las cenizas de la nada, abusando de la idea bressoniana que nos obsequia algunos fragmentos de vida desde la muerte. Inspirado en estas ideas y otras teorías, el artista Reynold Reynolds (Alaska, 1966) presenta en el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) su compleja pieza-película The Lost (2013).

En una conferencia, el cineasta experimental expuso a grandes rasgos su proyecto, destacando que éste fue inspirado por la producción cinematográfica de la Alemania de la República de Weimar, aunado al final de la época silente. En la conversación entre el artista estadounidense y Cuauhtémoc Medina, curador en jefe del MUAC; y Eva Sangiorgi, directora del FICUNAM; se habló bastante sobre la poética a partir de la cual se originó la pieza.

“Estaba interesado en la idea del vampiro, que está muerto pero nunca muere. Veo algo místico en las máquinas de cine porque, como el vampiro, pueden traer gente distante, fallecida, a la vida”, señaló el autor. De igual modo, explicó que concibe la idea del cine como algo no-vivo en interacción con lo vivo, una intervención de la vida, desde la vida.

The Lost no consiste exactamente en la reconstrucción de una película de la década de los años 30, sino que se encamina a re-pensar el hubiera (what if) de los filmes mudos en blanco y negro: ¿qué hubiera sucedido si este cine no hubiera desaparecido, sino que hubiera continuado su evolución estética al lado de la tecnología?

Este experimento cinematográfico se originó entre los fragmentos y stills recuperados de un filme bélicamente interrumpido por la aparición nazi en 1930. A lo largo del proceso de trabajo, entre 2011 y 2013, Reynolds se encargó de recobrar, restaurar y consumar una película que se transmuta en una meditación sobre el tiempo, las maneras de apropiación del arte, la verosimilitud y los avatares de la imagen-movimiento.

La experiencia cinematográfica desde 7 pantallas.

La mirada es cortada por Reynolds en siente vertiginosas pantallas, desde las cuales seremos partícipes de la trama principal de The Lost. Destruyendo la concepción occidental de cine, las imágenes en blanco y negro, brotan desde diferentes fuentes, se tornan haikus del pensamiento que seducen a la mirada, casi al mismo tiempo, hacia variados puntos del auditorio del MUAC, acondicionado como caja negra para este espectáculo.

Al mismo tiempo, en la función especial de la inauguración, la cinta fue exhibida con música en vivo, emulando el espíritu del cine expresionista de los 20. Este tipo de instalación evoca mucho el trabajo experimental que el galés Peter Greanaway desarrollara en Las Maletas de Tulse Luper, tres largometrajes –terminados en 2003, 2004 y 2005, respectivamente– en los que también se mezcla la relación entre el cine, los formatos museísticos, múltiples pantallas y las nuevas tecnologías.

El relato reinventado

Perseguimos sombras desde la mirada de un joven escritor inglés, Christopher Isherwood, quien arriba a Berlín para hospedarse en el misterioso cabaret Troika, un espacio habitado por jóvenes actores, voluptuosas bailarines, artistas y músicos. A Isherwood le es develada su propia homosexualidad en las entrañas de aquel misterioso cabaret; al mismo tiempo el taciturno héroe atestiguará convulsos experimentos donde se manipula la sustancia de lo real en el límite entre la vida y la muerte.

Mientras en el laboratorio continúa la actividad, el pletórico cabaret se ve amenazado por el régimen nazi y por algunos linchadores burgueses que planean acabar con la inmoralidad del lugar. Del otro lado del pensamiento visual, desde otra pantalla, el milagro en blanco y negro, como sacado de Metropolis de Frtiz Lang o Sunrise de F.W. Murnau, se materializa: una resurrección; el vampiro vive.

El vampiro y el cine

Como algo similar a lo sucedido con la extraña máquina-proyectora que aparece en la novela La invención de Morel, de Adolfo Bio Casares, Reynolds concibe al cine como una especie de sustancia vampiro que se nutre de lo vivo. “La desarticulación de la pieza en loops disecados que se repiten perpetuamente, equipara el estatuto ontológico de The Lost, su ser, con el de un cadáver y del de un vampiro”, explica en su ensayo sobre el filme de Reynolds, la especialista Ruth S. Noyes.

Desde su hechura de Lázaro resurrecto, The Lost alude al alejamiento autoral que Barthes propone en su ensayo “La muerte del autor”, donde el sentido de una obra surge en bastante medida desde el lector. Esta instalación de video HD de 7 canales, transferido de 16mm, está bajo la curaduría de Alejandra Labastida y Marco Morales. Contiene también algunos de los fragmentos supervivientes de la famosa cinta filmada en Berlín en los 30.

La serie de conciertos en relación a la exposición, revestidos por la pieza musical Der Wind (El Viento), de Franz Schreker (Mónaco, 1878) se realizarán en las siguientes fechas: el 21 de agosto a las 19:00 hrs. y finalmente el 4 de septiembre a las 19:00 hrs.

Así, desde la oscuridad el vampiro-cinematográfico de siete pantallas, monstruo delicioso de la imaginación estará en exhibición desde el MUAC, para aquellos nostálgicos de la estética silente y de los experimentos audiovisuales.

The Lost: Reynold Reynolds y la deconstrucción del cine

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