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The Hives en El Plaza Condesa

The Hives en El Plaza Condesa

Detalles

Organización

Producción

Ambiente

Lugar

El Plaza Condesa

Artista(s)

Sudor, gritos, empujones y baile.

“¡Quiero tocar su cuerpo!”, Un fan teniendo tan cerca y tan lejos a Pelle Almqvist.

Empecemos esta historia desde el mero principio de todo. Poco antes de que el reloj marque las 20:00 H. el lugar luce abarrotado, no cabe ya más no un alma… En realidad no, todo se ve lúgubre, casi nada de materia humana, tan poca que desde que entras al lugar puedes llegar al frente de la barricada. Pero justo al salir De NalgasEl Plaza seguía luciendo tétricamente muerto.

Aún con instrumentos llenos de stickers, chamarras con estoperoles, playeras sin mangas, lentes oscuros, gritos alocados, tamborazos potentes, guitarras jugando entre pedales de efectos, los únicos aplausos y silbidos que consiguieron esa noche se pueden contar con los dedos de una sola mano o quizás mano y media.

No estoy tratando de menospreciar al talento mexicano, ni tantito, pero al final el grupo estaba tocando justo frente a una manta gigante que dibujaba las palabras en bold blanco y negro: The Hives.

No es que sea una banda mala, simplemente no hizo la curaduría correcta para calentar el escenario de The Hives. Al final esa es la gran lección de la noche, no dejen que la gente crea que el rock nacional no sirve, porque hay grandes bandas, la cosa es colocarlas donde deben ir… Como el Tetris. Solo hagan mejores curadurías y todo estará bien para todos.

Se va De Nalgas del escenario e inmediatamente entran los ninjas del staff de The Hives a acomodar todo el equipo, realmente solo a hacer ajustes porque ya todo está preparado, pues estos suecos trajeados tienen una producción precisa para dar los mejores shows y continuar siendo nuestra eterna banda favorita.

En los minutos previos a la salida de The Hives y aprovechando a echar un vistazo alrededor, se ve cómo poco a poco se llena El Plaza y logramos apreciar en el público playeras de Foals, de Bunbury, de Misfits, de Björk, rockers con chamarras de cuero con pelos relamidos y pantalones ultra apretados, bastante diverso todo.

Las luces se apagan después de un breve set de rolas de The Velvet Underground y el tema del Cabo del Miedo comienza a sonar para darle entrada a la, autoproclamada, mejor banda de rock del universo. Pocos segundos bastaron para comenzar a agitar el piso de El Plaza, recibiendo completamente desquiciados a los suecos.

Estos compas saben cómo causar expectativa y explotar en el momento indicado para destruir todo a su paso, por eso sin ningún aviso previo sueltan un riff de guitarra que nos hizo gritar hasta regresar al mero año 2000, año que fue lanzada, “Main Offender” casi termina por hacer escombros nuestras almas.

A excepción de una sola canción, ese temblor en el suelo se sintió durante todo el concierto, mucha energía arriba y abajo, mucho sudor, muchos líquidos flotando en el aire y cayendo directamente a los cuerpos de los de hasta adelante, descontrol y mucha energía desparramada por todos lados.

Pero después volteabas tantito hacia atrás y realmente no somos muchos los que estamos hasta adelante gastando nuestras energías para disfrutar al máximo a una banda que ya tenía muchos años sin aparecerse por nuestro país, una banda que nos está regalando música nueva.

Pero algo que nos puso emotivos fue la reciente operación de Chris Dangerous quien obviamente no pudo venir, pero le dedicamos muchas ovaciones.

He visto otros conciertos de The Hives y debo decir que este no fue el más enérgico de todos, pero no de arriba del escenario, arriba todo vibraba con la mejor energía, todos arriba estaban derritiéndose en sudor y abajo solo unos cuantos.

Quizás ya estamos viejos, quizás el público esperaba más éxitos con riffs más potentes para regarles toda su energía saltando, bailando y gritando o todo al mismo tiempo. La cosa es que The Hives lleva tocando desde 1993, tampoco es que su base de fans sea realmente nueva.

Pero algo es cierto, el final estuvo tan contundente que cuando por fin dejaron zumbando el último acorde para no volver al escenario, todos quedaron conmocionados por unos cuantos segundos, pocos segundos, unos 10 o hasta 30 se quedaron viendo hacia el escenario esperando a que no se acabara… Pero acabó y cuando por fin se dieron cuenta comenzaron moverse, buscando a sus amiguis o las plumillas que aventaron por montones.

No es una revista, es un movimiento.