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Shuggie Otis, después del paréntesis

Shuggie Otis, después del paréntesis

Noel
Orlando Calderón López @Soy_Noel

25/Feb/2013

Detalles
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¿Cómo construye el público una figura emblemática de cierta música? ¿Y qué hace este público al reencontrarse décadas después con esa figura que permaneció fuera de la escena en un silencio mediático no pedido?

Shuggie Otis (Los Ángeles, 1953) fue un niño de talento notable. Que lo disfrazaban de mayor para que pudiera tocar la guitarra en los bares con la banda de su padre, el pianista Johnny Otis, es una anécdota repetida aquí y en decenas de textos sobre su historia como músico. También se reitera que su modo de tocar y componer impresionó a un B.B. King, a un Prince o, más tarde, a un David Byrne que en 2001 le reeditaría el fabuloso Inspiration Information. Tocó el bajo para el Hot Rats de Frank Zappa y colaboró con la gran Etta James. Rechazó, además, la propuesta de tocar con los Rolling Stones cuando Mick Taylor dejó la banda. Shuggie Otis se convirtió, joven, en figura de culto, y se reafirmó como tal, con el tiempo, gracias también a una larga pausa.

El rescate de aquel disco por parte de Byrne o la colaboración en 2004 con el rapero Mos Def no fue suficiente como para que Shuggie Otis lograra volver a grabar con alguna disquera consolidada, como había deseado. El paréntesis duró 39 años, y lo que ocurrió en ese tiempo no será revelado por el músico californiano, autor también de Here comes Shuggie Otis y Freedom Flight, quien en reciente entrevista para LA Weekly reveló que, a sus 22 años, los medios lo habían declarado retirado. “I wasn’t gone by choice”, confesó. Su disquera lo había echado y no logró conseguir un contrato sino hasta ahora, que, con nueva banda y un relanzamiento del disco del 74, realiza una gira que incluye la presentación de nuevo material y que lleva el nombre de World Domination Tour. (¿Qué tanto nos dice ese nombre?).

El pasado viernes 22 de febrero, en el Plaza Condesa, Shuggie Otis apareció con una camisa color salmón y un chaleco negro. Los sesenta de vuelta y los reconocidos temas “Inspiration Information” y “Aht uh mi hed” (“Strawberry letter 23” aguardó hasta el cierre). Seis músicos junto a él. Tres de ellos (los alientos) leyendo partituras, ya acostumbrados a cómo dar cuerpo al funk, al soul y al blues; un tecladista y un bajista que conocen bien sus instrumentos, y un baterista (hermano de Otis) bastante moderado. Una banda bien armada, pues, pero no más. Otis cambió de guitarra una vez y la tocó impecablemente, como se esperaba. Con la voz dudó un poco.

El concierto fue en subida, aunque tuvo zonas grises. Después de escuchar uno y otro solo desde la guitarra de Otis, el auditorio entiende cómo es que años atrás pudo influir de manera relevante en grandes músicos y en géneros con múltiples vertientes. Una balada, tema nuevo, tema viejo: sabe cómo hacerlo. Y el auditorio está agradecido y baila con más confianza; pero, cabe decirlo, también se pregunta: ¿qué tanto de esa aceptación está mediado por lo que Otis representa? ¿Qué tanto se deja de pedir en la escucha porque aquél en el escenario ya lo hizo en grande una vez? Quizás cuando escuchemos y reescuchemos el nuevo álbum tendremos más pistas; quizás esa escucha nos diga qué nuevas trajo consigo Otis desde la pausa, que no fueron mostradas en el escenario del viernes.

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Orlando Calderón López @Soy_Noel