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LOS TRES: LEYENDAS INTEMPORALES

LOS TRES: LEYENDAS INTEMPORALES

Cortesía
Plaza Condesa/ Yunuén Velázquez

03/Dic/2012

Detalles
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La noche del 30 de noviembre, algunos recordaron su juventud noventera no sólo con nostalgia sino también con energía, y aquellos cuya plenitud pertenece a esta década pensaron “esta sí es música, no como la de ahora”. Como es usual, los mexicanos expresaron su amor coreando las canciones en su totalidad y armando porras, pero pienso que hizo falta más locura. ¿Será que es tan intimidante, tan irremediablemente sangrona la colonia Condesa que muchos se sintieron cohibidos? Hizo falta el slam y los saltos multitudinarios. Sucede que la guitarra de Ángel Parra continúa tan limpia como hace 10 años, que el bajo de Titae Lindl sigue descarado y rocanrolero, y que en la voz de Álvaro Henríquez no se escuchan ni los estragos de la edad ni del alcohol. Sucede que tocaron sus éxitos no con el aburrimiento de quien cumple con el trabajo de complacer a su público. En su repertorio hay canciones que rebasan la categoría de hits e ingresan en ese nivel de obras maestras, y ellos lo saben, por lo que siguen explotándolas, ejecutándolas con fuerza como si se trataran de canciones nuevas que a penas se están presentando.

Tocaron “La Torre de Babel”: ahí es donde digo que hizo falta que mínimo alguien intentara subirse al escenario. La picardía en la guitarra de Ángel Parra fue confirmada y Titae tomó su contrabajo como los meros machos: con contundencia y precisión. Recorrieron algunos cortes de su más reciente producción Coliumo, como “Cárcel, Hospital y Cementerio”, canciones que normalmente son recibidas con impaciencia. Las ansias por escuchar a los clásicos pueden ser tan grandes, que no se le pone la suficiente atención al nuevo material que ofrece la banda. En el caso de Los Tres, sucedió todo lo contrario. A pesar de su difícil letra, el público no tuvo dificultades para hacerle segunda a Álvaro en “Hojas de Té”.

Para quienes se hayan consternado (aunque lo dudo) por el momento folclórico, en bandas como Los Tres son meras ramificaciones de lo que es su estilo. Álvaro Henríquez anunció a sus invitados como los que “mantienen vivo al folclor chileno”, y al escenario subieron Pepe Fuentes y María Esther Zamora, dos encantadores viejitos que cantaron a un lado de Los Tres algunas canciones tradicionales, un instante lleno de humor que no se quedó en la simple curiosidad.

Los asistentes se llevaron la mano al corazón con “Olor a Gas”, aquella extraña y agridulce canción. En “Amor Violento”, Álvaro exhortó a quienes llevaran pareja a que se pusieran eróticos, y yo vi a un jovencito derramando unas cuantas lágrimas, quiero pensar que recordaba a una ex novia. A la víspera de la toma de protesta de Enrique Peña Nieto (y también a la víspera de los disturbios callejeros), tocaron “La Primera Vez”, una declaración de odio para Augusto Pinochet y toda su progenie, canción que provocó algunas rechiflas con el ya presidente mexicano. El homenaje a México por parte de Los Tres no se limitó a decir que nuestro país era muy bello y que esperaban regresar pronto. Presentaron su agradecimiento con “Jefe de Jefes”, un cover de Los Tigres del Norte e incluyendo un fragmento en “La Espada y La Pared” de “Aviéntame” de Café Tacuba.

Los Tres: leyendas intemporales. Músicos que abrieron nuevas brechas en Latinoamérica, homenajeados por bandas tan laureadas como Café Tacuba. Y sobre todo, muy por encima de las intelectualizaciones, músicos que dan grandes conciertos.

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Plaza Condesa/ Yunuén Velázquez

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