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Alexi Murdoch: cómo romper y arreglar un concierto

Alexi Murdoch: cómo romper y arreglar un concierto

Diego
Figueroa @halofive

24/Ene/2014

Detalles

El esperado día del #SilentConcert de Alexi Murdoch por fin llegó y aunque se trató de una presentación llena de tropiezos, al final fue un recital que será recordado por la maestría del cantautor británico y no por las fallas logísticas y técnicas.

En un concierto donde por extrañas y bizarras razones la gran mayoría, sino es que el 99% del quórum, era caucásico con acento de “papa atorada en la garganta”, el ecléctico recital fue iniciado con el proyecto de post rock local llamado Ciénaga; pero mientras el trío de músicos, con piano, violín, guitarra y audífonos encima del gorro (¿?) se presentaba, el público se encargó de hacer un caos en la plancha al tomar la linda, pero incomoda, y peligrosa decisión de sentarse en el piso durante todo el set.

Por media hora más se escucharon los taconazos, los “con permiso”, los “¿yo? ¿en el piso? ¿qué soy indigente?” y los “jóvenes, el concierto es parados, por su seguridad levántense” que la ejecución de Ciénaga. A pesar de ello, el grupo recibió aplausos y gritos, pero la atención y energía realmente se fue en los malabares de encontrar un espacio para el show como si de sala de cine atiborrada se tratase.

Llegado el momento de Alexi Murdoch, la asistencia recapacitó y se levantó para apreciar los delicados requintos y arpegios del barbudo cantautor. Una canción y el problema que reinó durante todo el concierto hizo acto de aparición: “¿Alguien me puede cambiar el micrófono? Por favor, me está electrocutando”. Cambió de micrófono, se interpretó una canción más y se escuchó “Ahora me está electrocutando el otro micrófono. Escuchen, pongo mi mano y suena como huevos sobre una freidora”. Alexi sonrió, hizo chistes y elogios al trato de la promotora y talento de la banda telonera, pero el ambiente estaba cuarteado y quebrantado.

Cada canción de Alexi, íntima y pasional, fuera “Some Day Soon”, “All My Days” o “Song For You”, ofreció una sutileza y caricia musical que solo una guitarra acústica y una delicada percusión podían regalar, pero era el “el micrófono me va a matar” entre cada canción que provocó que, con cara de angustia y fastidio, se tomara un receso de cinco minutos esperando una solución. Finalemente, volvió al escenario e inició con “bueno, el micrófono sigue igual y veo no hay solución” que llevó al cantautor a poner un trapo encima del aparato y a cantar con especie de dolo “Orange Sky”.

El lunario se sentía repleto y ni un alma parecía caber ya en el recinto, y aunque se escuchaban uno que otro “¡SSHHHHH!” mientras la barra del Lunario decidía vaciar bolsas y bolsas de hielo haciendo un épico ruidero en varias ocasiones, para esta última parte del show, la atención del público era total.

“Gracias por venir, por su calidez y paciencia”, Alexi agradeció y se despidió con un paquete de canciones que incluyó “Crinan Wood” y “In The Fields”, que no solo logró vendar y sanar el herido ambiente, sino conectar con todas las almas del lugar. El poder de la música una vez más curó todas las heridas y la magia apareció; parejas abrazadas, coros al unísono y sonrisas entre la gente. Todo se había salvado y al final todo fue superado y olvidado.

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Diego
Figueroa @halofive