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World's End Girlfriend: Divertido, frustrante y muy interesante

World's End Girlfriend: Divertido, frustrante y muy interesante


29/Ene/2014

No podíamos empezar el año sin una buena recomendación. Muchos saben de quien se trata, pero otros desconocen lo que se encuentra detrás de World's End Girlfriend, quien va por la vida mezclando música clásica y electrónica; haciendo cosas sencillas y bonitas.

Katsuhiko Maeda, oriundo de Nagasaki e inspirado por la colección musical de su padre, empezó a componer en teclado, guitarra, grabadoras y computadoras desde muy pequeño. Con 600 canciones compuestas hasta la fecha y una carrera que lo ha llevado desde colaborar con su hermano menor, Ryoma Maeda, formar parte de bandas sonoras de las películas Late Bloomer (2004) y Air Doll (2009), hasta ir de gira por el mundo con Mono, éste músico ha sido galardonado por crear trabajos finos y auténticos.

Sin pensar incoherencias, el mayor de los Maeda es parte de un parloteo que profetiza creaciones fascinantes y genuinamente hermosas en la más extraña de las formas, pues cada versión de si mismo en sus producciones no hacen más que confirmar que es original y que valora la creatividad de una manera en que tú, como escucha, puedas determinar la medida en que disfrutas de su trabajo.

Si hay un elemento que se mantiene constante a lo largo de cada producción de World's End Girlfriend es la naturaleza desarticulada de cada corte que fortalece el estereotipo japones; videojuegos, estímulos visuales y tecnología son lo que inundan y hacen de este proyecto en solitario algo genial. No sólo podríamos usar bleeps, bloops y onomatopeyas para describir la variación de sonidos aquí; desde saxofones distorsionados y secciones que deslizan de cuerda en cuerda y montones de muestreo electrónico, con melodías de piano, aparentemente aleatorias, esparcidas por todas partes.

¿Dónde quedó la cordura de Katsuhiko Maeda? ¡Qué importa!, hablamos de un artista que posee diferentes etapas: instrumentación densa y una producción pesada que estiliza su sentido minimalista y una buenas percusiones que en una ecuación bien resuelta, equilibran una loca yuxtaposición de ritmos y melodías.

Aunque Maeda parezca tener dificultades para dejar que un ritmo se asiente antes de dejar saltar otro al vacío, esa sensación de desorden causa una fascinación desenfrenada y plasma riesgos increíbles. Divertido, frustrante y muy interesante, así como suena.

No es una revista, es un movimiento.