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Fleet Foxes — Crack-Up

8

Fleet Foxes
Crack-Up

Nonesuch Records / 2017

Artista(s)

Fleet Foxes

Este no es el álbum de Fleet Foxes que esperabas… o tal vez sí.

Complejidad y paciencia. Estas dos palabras pueden definir por completo el tercer disco de Fleet Foxes. Crack-Up se muestra como una densa y escrupulosa apología a la propia humanidad de Robin Pecknold. El frontman y letrista de la banda nos muestra la más impredecible y significativa composición en su carrera junto a la banda de Seattle.

El disco empieza con una lenta y tímida guitarra en las notas más bajas de sus trastes, "I Am All That I Need / Arroyo Seco / Thumbprint Scar" comienza como una tenue disputa entre dos voces que tratan de convencerse mutuamente hasta que, sesenta segundos después, explota en algo brillante, algo lleno de fuerza que termina siendo una autoafirmación del espíritu del propio Robin. Después de cambios vertiginosos y acordes acompasados y la voz de Pecknold resonando en la melodía llega "Cassius, -" como una bocanada de aire que levanta el ánimo y nos da aliento, pero que, escuchando atentamente, cuestiona la fuerza policiaca y la violencia ejercida en territorio estadounidense. "- Naiads, Cassadies", el tema más corto del disco, teje un puente entre el track anterior y "Kept Woman".

Arpegios sobrios y percusiones mesuradas son la armonía sobre la que Pecknold, con un coro angelical y profundo, va tejiendo cada una de las historias que llegan hasta el lugar más recóndito de la mente. Es un disco de folk único en su especie y propio de Fleet Foxes, no es el desgarbado y apasionado que llega a ser The Tallest Man on Earth, ni la experimental y transgresora propuesta de un Bon Iver en 22, A Million o el ensoñador y cálido Marcus de Mumford and Sons, llevándonos por los fríos parajes de la Gran Bretaña; no… Es Robin Pecknold guiándonos en una travesía a través de sus entrañas, mientras descubrimos sus miedos y las voces en su cabeza que han estado ahí desde siempre y que ha tardado más de seis años en afrontar y asumir como suyas.

fleet foxes_2017

"Third Of May / Ödaigahara" rompe la estructura, pero complementa la primera parte del álbum que se transforma a partir de un terremoto de emociones descargadas el tema. ‘How could it all fall in one day’ se escucha después de los rasgueos de la guitarra y en un himno a la pérdida y la desesperanza, "If You Need To, Keep Time On Me" restablece la calma en el ambiente y se alza como un canto frente a la fogata."Mearcstapa" es la ruptura al track anterior que levanta el ánimo al tiempo que modifica la atmósfera que las canciones anteriores habían generado desde el principio del recorrido. Con un piano en el inicio, que termina quedándose en el fondo y desapareciendo, "On Another Ocean (January / June)" es una metamorfosis que, a medida que avanza, habla sobre la depresión y la misantropía del mismo Robin.

No es un disco fácil de escuchar de principio a fin, eso está claro, pero también es obvio que ese es el último interés de Fleet Foxes. Después de tanto tiempo de espera, los de Washington crearon un disco atemporal, lejos de las preocupaciones del mercado indie folk actual, un material que apremia a la escucha paciente y cautelosa. Se disuelve dulce y lentamente en cada uno de sus sonidos y termina de amalgamar con nuestros sentimientos más profundos, aquellos a los que más tememos, pero que más valoramos. "Fool's Errand" habla de amor, pero no un amor tangible y real, sino de un amor que no puede tocarse, pero que espera entre sueños. El penúltimo tema es "I Should See Memphis", en el que se escucha una composición tranquila y que impregna el ánimo de una nostalgia palpable y ensoñadora.

Cierran este material con "Crack-Up", tema que le da el nombre al disco y que enmarca un trabajo maravilloso de principio a fin en el que la voz de un maduro Robin Pecknold es magistralmente enmarcada por el resto de la banda.