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Manel: el sonido de la Cataluña de hoy
Entrevistas           25 enero 2012

Manel: el sonido de la Cataluña de hoy

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En marzo del año pasado el disco 10 Milles Per Veure Una Bona Armadura (Warner Music / Discmedi) alcanzaba el primer lugar de ventas en España, lo que no hubiera representado ningún hecho insólito, dada la calidad del grupo, salvo por el hecho de que hacía 15 años que un artista que cantara en catalán no había ocupado tan destacado sitio.

Así, no sólo el Barcelona de Messi maravilla a propios y extraños; por ejemplo, los hermanos Gasol brillan en la NBA con luz propia y Enrique Vila Matas se erige como un bastión de la más ambiciosa literatura contemporánea –aunque escriba en español-. Cataluña se ha consolidado como un núcleo social que tiene bien claros sus objetivos: consolidar y difundir su identidad y su cultura.

Por lo que existen creadores que no recurren al catalán como un recurso excéntrico sino como una expresión natural, sencilla y espontánea, dado que usualmente se expresan utilizándolo. Ya en Els millors professors europeus (08), su disco debut, Manel colocó cerca del medio millón de ejemplares, con lo que se evidencia que existe gente a la que le viene bien escuchar una propuesta de folk pop en la lengua que hizo grandes a Joan Manoel Serrat, Lluís Llach y Albert Pla.

El cuarteto formado por Arnau Vallvé, Martí Maymó, Roger Padilla y Guillem Gisbert ha sabido congraciar la herencia de canción mediterránea con el folk procedente del imaginario anglosajón –como unos Fleet Foxes más poperos, como un Sufjan Stevens más acústico y menos orquestal-.
Y si en su primer disco destacaba el ukelele, para su brillantísima segunda entrega este instrumento pasó a un modesto segundo plano para ceder su lugar a arreglos más ricos en instrumentación y sustentados en cuerdas y vientos. De manera casi instantánea las canciones se han convertido en auténticos himnos callejeros de la Cataluña de hoy. Ocurrió con la inicial “Benvolgut”, que antes que una cálida bienvenida es una historia de confrontación entre ex – parejas llena de acidez y reclamación:

“Si un día nos encontramos… haré de hombre serio, esperaré detrás de pie mientras tú le haces alguna bromita, “¡veo que ahora los buscas altos!”, mientras tú te reivindicas como el más elegante. Diremos adiós y nos iremos, y ella me dirá que te ha visto viejo y, paso a paso, ya estarás tan lejos como el cretino que antes de entrar a Historia le tocaba el culo poniéndola contra los árboles de al lado de un instituto”. Dardos envenenados sobre relaciones quebradas y un rencor que no se desvanece.

Prestemos atención a lo que dicen en “Criticarem les noves modes de pentinats”: “Y los momentos de mirar hacia atrás te harán gracia y te harán daño. Y quizá no seré tu amigo, ni tendré nada que ver con si eres o no eres feliz. Ya me veo en forma de recuerdo medio triste que se te cruza por la cabeza una mala tarde. Y quizá dormiré abrazadito a una mujer a la que casi no le habré explicado quién eres”. ¡Auuuch!

Manel se dedican a contar historias largas, llenas de metáforas sencillas y que al ser cancionadas casi no tienen estribillo –otro detalle que los caracteriza-. De allí que se soltara ese estira y afloja acerca de si es pertinente conocer el idioma. Lo cierto es que aun sin seguir a detalle la letra consiguen emocionar y eso es mucho decir. A fin de cuentas, el catalán –con sus afluentes galas y castizas- posee una musicalidad natural; no es tozudo ni áspero sino acariciante y terso. Con eso tienen más de la mitad del terreno allanado.

Así el disco, bautizado con una shakespearana frase de Kenneth Branagh en Mucho Ruido y pocas nueces (“diez millas para ver una buena armadura”), se ha convertido casi en un hito instantáneo. Y es que los temas memorables no escasean. Tiene ya un lugar propio “La cançó del soldadet”, que ha cobrado tintes antibelicistas ya que habla de un fallido escape: “Y, entre bomba y bomba, todo le va bastante bien, hasta que una cae justo a su lado. Primero se dice “¡Suerte!”… pero después siente en la espalda un dolor extraño y, al tocársela, se le queda todo el brazo manchado de sangre”.

Pero también han destacado “Aniversari” y “Boomerang”, prolijas, saltarinas, encantadoras, que nos hablan de una sensibilidad muy especial y espacial –la sensibilidad catalana- . Manel prolonga una tradición ilustre que pasa por Pau Riba, Jaume Sisa y Antònia Font (que cantan en mallorquín, una derivación utilizada en Palma de Mallorca). En sus conciertos resulta cuando menos curioso comprobar cómo suenan las versiones de “Common people” de Pulp y “La tortura” de Sharira en dicha lengua.

Manel representa la cosmovisión de toda una generación; se saben cosmopolitas pero también están bien apegados a su tradición cultural. Ellos saben que no están solos. Otros tantos les acompañan en la ruta: Els Amics de les Arts, Litoral, Anímic, Mishima, El petit de Cal Eril, Senior I el Cor brutal y la Troba Kung fu, entre otros. Aunque ellos saben cuál es la verdadera naturaleza de su oficio: “Nuestro objetivo no es ser novedosos, sino hacer canciones perdurables”.

Editorial