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Peter Brötzmann’s Hairy Bones: Apocalípsis de hora y media
10 mayo 2012

Peter Brötzmann’s Hairy Bones: Apocalípsis de hora y media

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Como si se tratara de una bomba nuclear, Peter Brötzmann al frente del ensamble Hairy Bones, devastó no sólo tímpanos sino neuronas con su inconfundible saxofón demasiado eléctrico y demasiado orgánico como para ser de este planeta, contagiando una sensación anárquica de destrucción que para aquellos que no sólo escuchaban sino intentaban digerir lo presentado, les era imposible permanecer en su asiento, pareciendo casi necesario azotar la cabeza contra una pared debido a la carga física y emocional que la música emanaba.

Contextualizando un poco, el ensamble que se presentó ayer, al igual que su digno telonero Hernan Hecht Trio, ejecutaron uno de los estilos más arriesgados y controversiales del jazz: el free jazz, característico por ser melodías, tiempos y estructuras totalmente fuera de sincronía, y que los puristas del género han repudiado mientras otros lo abrazan como una revolución sonora que no podría haber mejor ejemplo que el ensamble Hairy Bones de Brötzmann, donde liderados por un saxofón, explotaron con sonidos en extremo viscerales inferidos de un poder tan característico del estilo, que deja en claro porqué géneros como el noise y el industrial les deben más que el génesis.

Acompañado de los igualmente renombrados músicos de improvisación Toshinori Kondo en la trompeta, Paal Nilssen-Love en la batería y Bill Laswell en el bajo, Brö bien pudo haber ejecutado la banda sonora la inminente Tercer Guerra Mundial donde en un principio explosiones y derrumbes retumbaban en los tímpanos de los presentes perpetuando una sensación de total y absoluta destrucción para que luego una desolada e inquietante secuencia de melodías recorriera cada uno de los recovecos del lugar, cimbrando inquietud y confusión para cuando una vez más todo parecía volver a la normalidad, un monstruoso saxofón tenor acribillara con sonidos que, a pesar de tener más de cien años de dominio en el instrumento, jamás pensaríamos puede emitir.

Durante cuatro piezas y un total de hora y media de duración un Teatro de la Ciudad fue arremetido por un sonido más grande que la vida misma, donde un quórum de adeptos y curiosos fue víctima de uno de lo músicos más consagrados e inventivos de la escena free jazz europea, y que además de a Brö y sus más de cuarenta años de experiencia, tienen que agradecer al Festival Aural, pequeño engendro del  FMX, por procurar una presentación tan monumental como esta dentro de su cartel.

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