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Media Cumbre
Coberturas Especiales, Noticias           20 marzo 2012

Media Cumbre

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Llegó el lunes y con él se cumplieron tres días de Cumbre Tajín. Justo la mitad del festival y mucha espectativa por ver a Café Tacvba, quienes llevaban un buen rato sin subirse a un escenario. Pero eso tendría que esperar; antes, cuatro bandas se apoderaron del Nicho de a Música.

Primero, nada más ad hoc que Tribu, que, aunque tuvo público escaso, hizo magia con su música prehispánica; flautas y tambores colmaron el aire y sus cuatro bailarinas le dieron un gran plus de color y movimiento al espectáculo. El cierre de Tribu fue lo mejor, pues si uno cerraba los ojos y escuchaba los tambores, bien podría remitirse a la famosa escena de Matrix, cuando los habitantes de Zion arman un rave en las cuevas.

Después de tal algarabía, los Rayobacks pasaron sin gloria, incluso fueron abucheados por un público que los catalogó como viejos ridículos.

Pero para curar el mal de oídos llegó el canadiense Jesse Cook: ¡vaya músico! Según dijo en la conferencia de prensa previa al concierto, dos atletas que compitieron en los Juegos Olímpicos de invierno más recientes ganaron platas porque su música los inspiró. Le creo. La gente que abarrotó la plancha de este escenario también estaba inspirada, y cómo no, si las guitarras, el bajo, el violín y las percusiones, junto con una batería poderosa, se fusionan a la perfección para dar vida.

A eso hay que agregarle que Cook sabe cómo prender a la banda: hablando es español, incorporando un cajón y un invitado especial (Nico Hernández) y pasando de un género a otro (lo mismo flamenco que cumbia). Excelente acto abridor para el siguiente.

El público parecía un poco renuente ante la presencia de Bebe, que salió con una flor en la oreja, un gorro de capitán de barco y una playera blanca bordada. Comenzó con una canción tranquila, pero el show fue creciendo de a poco en intensidad. Bastó un “buenas noches, chingones” para que la gente se cautivara. La española se notaba verdaderamente conmovida y, aunque al final algunos impacientes le gritaban fueras, regaló un espectáculo musical lleno de energía y digno de recordarse.

Pero la gente quería a los Tacvbos, y después de unos largos minutos en lo que cambiaban los instrumentos, los tuvieron. Mal comienzo: bajo, guitarra, teclados y voz sobre pistas de ritmos durante las primeras canciones, aunque eso no le importó a los miles de personas que corearon El Baile Y El Salón, la abridora. Antes de darle la bienvenida al baterista, un popurrí con canciones de Kinky y Zoé en voz aguardientosa subió los ánimos aún más.

Después, todo fue fiesta. La gente no paró de corear y saltar al ritmo de los más grandes éxitos de este cuarteto, que regaló poco más de dos horas de concierto. Buenas vibras, buenos deseos, mucho desmadre, eso es lo que Café Tacvba representa. La gente terminó cansada, pero satisfecha.

Editorial