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Stanley Kubrick, el bastardo talentoso #KubrickenCineteca
Coberturas Especiales           1 Diciembre 2016

Stanley Kubrick, el bastardo talentoso #KubrickenCineteca

Por Roy Rojas @_Red_Boy_

Fotos Gisela Terrazas @gissunshine

Finalmente llegó a la Cineteca Nacional la obra de Stanley Kubrick, el bastardo talentoso.

Para describir a la persona que nació en el Bronx, que tuvo su primer cámara de fotografías a los 13 años, que a los 17 vendió su primera imagen a la revista Look –un vendedor de periódicos cabizbajo con portadas sobre la noticia de la muerte del presidente Franklin D. Roosevelt a su alrededor– y que orilló a que la actriz Shelley Duval fuera al psiquiatra después de participar en The Shining, se han utilizado cualquier cantidad de adjetivos –a menudo con exclamación–: ¡genio!, ¡megalómano!, ¡loco!, ¡exigente!, ¡desquiciado!, ¡provocador!, ¡impactante!, ¡fascinante!, ¡enfermo!, ¡maestro!, ¡visionario!, entre otros tantos.

Sobre él (favor de escuchar Music For The Funeral Of Queen Mary:March a partir de aquí) se esparcen las anécdotas. El Kubrick que siendo un director debutante le advirtió en el rodaje de The Killing a Lucien Ballard –recién galardonado con Oscar por Mejor Fotografía– que pusiera la cámara con el lente de 25MM que le había pedido o se largara de su set; el Kubrick que se certificó como piloto para después establecerse en Inglaterra y no volver a EE.UU. por miedo a volar; el Kubrick que dejaba 15 hojas de instrucciones para el cuidado de sus gatos; el Kubrick que tecleó todas las frases que Jack Nicholson tiene en su máquina de escribir antes de volverse loco en The Shining; el Kubrick que encaró a la producción de Kirk Douglas –actor reconocido por la industria– durante Spartaco y terminó por tomar la cámara en muchas secuencias de esta cinta (así que ya saben de quien es ese Oscar a mejor fotografía); el Kubrick que rehacía los guiones una, otra y otra y otra vez hasta tenerlos tal cual los imaginaba, algunos se filmaron 20 años después de haber comenzado a trabajarse.

15_Stanley Kubrick

¿Pero qué hace tan importante a este director que murió sin ver estrenada su última película Eyes Wide Shut?Jan Harlan, cuñado y colaborador del cineasta, aclaró en conferencia de prensa junto con la hijastra de Kubrick, Katharina, y el curador del montaje en la Cineteca Nacional de Stanley Kubrick:La exposición, Hans Peter Reichman, que el neoyorquino “dividió a la audiencia, dividió a la crítica”, eso lo hace tan relevante, pero su trabajo perdura por “su pasión y dedicación al cine”. Solo así puede una obra ser inerte al tiempo, con el amor que se le dedique.

“La prueba de una obra de arte es, finalmente, nuestro afecto por ella, no nuestra capacidad de explicar por qué es buena”, se lee en una póster a la entrada de esta exposición que recorre todos los trabajos que hizo (y algunos que no logró filmar) el director, escritor, productor y editor de cine. La frase pertenece a él y complementa la respuesta a la pregunta de por qué es relevante este cineasta. Stanley Kubrick (y eso es algo que podemos discutir y en lo que podemos discernir), fue el mismo durante sus trabajos. Mejoró su técnica, diseñó nuevas formas y herramientas para hacer cine, pero no cambió su visión y la manera en que desarrolló su cine; dejó la influencia de Max Ophuls y de Orson Welles como afirma el crítico Bill Krohn, solo para ser influenciado… por sí mismo. El vinilo de 2001, Space Odissey que aparece en una escena de A Clockwork Orange no es una referencia a su trabajo, es la declaración de que sus obras fluyen unas con otras.  

Los trabajos de este cineasta están minados desde su primer largometraje por el abordaje de lo humano y sus contradicciones: el deseo, el miedo, lo absurdo, el amor, el erotismo, la miseria, el horror, los celos, la risas, la alegría, la destrucción, la ultra violencia, la guerra, el sexo, la tragedia, el dolor, lo extraño, lo explicable y lo que aún no podemos explicar y que está más allá del espacio. No importa si es cine bélico, de horror, drama, cine de época, film noir o ciencia ficción, él empujaba los límites de la razón hasta arrojarlos al vacío.

El cine de Kubrick, más allá de ser un cerebro que deja de funcionar, más allá de estar formulado en la lógica de la repetición, y más allá de ser una máquina en la que video y sonido chocan hasta formar sensaciones sin lógica, no es una simple historia, sino una experiencia. Por eso están aquí sus creaciones (¿ya las vieron?) porque quieren ser vistas y sentidas. La Galería de la Cineteca las invitó para que con nuestros ojos podamos verlas y sentir como atraviesan nuestro cuerpo hasta derramar alguna lágrima de la emoción. Ahí está Starchild flotando en una burbuja y a su lado el moonkwalker; no hablen porque Hal 9000 los puede escuchar y recuerden que también sabe leer los labios. Los simios dentro de cristales porque suelen tornarse violentos, y si se acercan lo suficiente pueden escuchar la respiración de Dave Bowman en su casco rojo. Por allá está el hacha de Jack Torrance encajada a la pared, la misma con la que atravesó  la puerta en The Shining, el suéter del pequeño Danny, una copia de la maqueta del laberinto por el que huyeron éste y su madre del desquiciado Torrance y en donde acabaría congelado, los vestidos de las gemelas y la máquina de escribir. “Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un chico aburrido”. Lástima que no hay bourbon.

11_Stanley Kubrick

Dolores, oh Dolores Haze. “Lolita, Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas, pecado mío, alma mía”, yace recostada en un lecho de rosas para que la contemplemos como ese ser inalcanzable que es. La podemos ver, apreciar, incluso desear, pero no tocar, porque el desgraciado de Peter Sellers se la llevó. Desafortunadamente él anda en el cuarto de guerra, pero como Dr. Strangelove, trajo un guión con todos los posibles nombres de la cinta, las anotaciones del director y el kit de supervivencia para los pilotos antes de arrojar la bomba.

¿Trajeron sus vasos de vidrio? La exposición tiene un complemento que no se ha visto en las otras sedes en donde se ha montado (Seúl, Los Ángeles, Monterrey, Amsterdam, París, Toronto, entre otras más.), no solo es museografía, sino escenografía. Hay una sala del Korova Milk Bar para que (con imaginación) se sirvan directamente de los pezones de los maniquíes un poco de moloko plus y sienta cómo la ultraviolencia los inunda por dentro; tengan cuidado porque de pie está el droog Alex DeLarge y parece que el suero 114 no le ha hecho efecto. Más hacia el fondo se escuchan explosiones, algunos muros han caído, así que traigan su casco porque el de Full Metal Jacket está protegido junto a un rifle con balas cubiertas completamente de una chaqueta metálica. ¿Lo pueden creer? El casco que dice “Nacido para matar” frente a sus ojos. Afortunadamente vino el coronel Dax de Paths of Glory y no quiere que vayamos a la guerra, pero en caso de ser necesario hay una trinchera preparada. No hay iluminación en el set de Barry Lyndon, Kubrick rodó con luz natural, si quieren ver los vestuarios de la cinta traigan una vela. También podrán tocar una de las cámaras con la que se grabó. Como no hay combates a duelo, no hay riesgo de que pierdan la pierna como el pobre Lyndon que acabó en el olvido y en la miseria. Y en caso de que quieran entrar a la orgía de Eyes Wide Shut vengan con una máscara del carnaval de Venecia, la clave para entrar es Fidelio, si la olvidan está escrita en una hoja, la misma que llevaba Tom Cruise después de perderse entre el deseo de venganza y de celos hacia Nicole Kidman. Al pobre lo sacaron de la fiesta y se fue más confundido que cuando ella le confesó que lo iba a abandonar por un marinero. Ahí acabó la vida de Kubrick, al finalizar esta historia sobre las frustraciones y los actos interrumpidos, un coitus interruptus que culminó con el divorcio de Kidman y Cruise en la vida real.

Casi 900 objetos, entre utilería, vestuario, guiones, fotografías, lentes, estarán hasta mayo de 2017 para acercarnos un poco más a la experiencia-Kubrick, esa que aplasta tus sentidos y remueve tu conciencia.

Sobre el neoyorquino han hablado muchos cineastas, como Woody Allen, David Lynch, Martin Scorsese, pero nos parece muy relevante lo que de él dijo Kirk Douglas (y así lo quiero recordar en Indie Rocks! mientras vemos asombrados los universos que con amor y obsesión construyó durante su vida): “Hay dos tipos de cineastas, los talentosos y los bastardos. Stanley Kubrick era un bastardo talentoso”.

Roy Rojas @_Red_Boy_