Indie Rocks

23 abril, 2012 Por: Elvis @shubidubi Fotos: Cynthia Flores @cherryflores_

Coachella 2012: Día 3

A mi repisa
¿Qué dijeron? ¿Dónde quedó la tercera parte de la visita a ese otro ricón donde Coachella se desdobla? He aquí. Sucedió, en el último día, lo que tenía que suceder: veríamos lo que vieron quienes asistieron la primera vez. El holograma de Tupac no sería una sorpresa como el fin de semana anterior, pero no por eso dejaría de ser impresionante que la tecnología permita reproducir raperos influyentes, asesinados hace casi dos décadas.
Cuenta la leyenda que la organización de Coachella, ante la cancelación de Black Sabbath, dio un cheque en blanco a Dr. Dre y Snoop Dog para encargarse de la producción de su cierre; ellos buscaron al equipo del cineasta James Cameron para hacer lo que en Japón se utiliza hace más de cinco años con Tupac Shakur. Dos canciones: “Hail Mary” y “2 of Americaz Most Wanted” se reducen a una lucecita y como en las películas de fantasía, desaparece. Entonces el hip hop de la costa oeste se encargó de traer a occidente una nueva forma del acto en vivo, que en definitiva, fue de los conciertos más importantes de quienes lo experimentamos, por primera o segunda vez. Insisto, la transmisión del festival a través de internet debió de haberse hecho de la segunda y no de la primera versión.
Aún así, más allá del holograma, un recurso que sabemos que será fundacionista, que en diez años nos parecerá deficiente pero que hoy nos rompe los esquemas, este cierre es de los momentos más impactantes de la historia del festival. No veía tanta devoción desde Rage Against the Machine. Las personas conocían las letras de tan complejos cantos, bailaban placenteramente lo que yo encuentro inbailable, yo, extranjera residente de su país, era en ese momento, invitada a presenciar cómo le hip hop transita por la sangre de la cultura popular. Cuando uno sabe que eso que va a pasar será algo deslumbrante. Tener el acceso, casi como en un museo, a un juego de ritos, de significados, de códigos, al que no pertenecemos, que irremediablemente no entenderemos pero observaremos con detalle. “So what we get drunk, So what we smoke weed, We’re just having fun…” como ante una explanada repleta de fieles cansados a coro, toda la inexpresividad de la que me quejé durante el fin de semana se revirtió en el preciso final, We don’t care who sees.
Pronto, una reseña completísima del festival en la versión impresa de la revista. Pero hoy, a un día del festival, la verdad es que después de este par, no hay mucho más que recordar.

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